
Comprar un coche eléctrico de lujo por una suma comparable al precio de un piso en el centro de Madrid puede convertirse en una auténtica pesadilla. La propietaria de un Rolls-Royce Spectre Black Badge en Texas se encontró con que, apenas cuatro meses después de recibir su esperado vehículo, este se volvió un adorno inútil. La batería, orgullo de los eléctricos modernos, falló de forma repentina y definitiva, y el concesionario simplemente se lavó las manos. Como resultado, este exclusivo automóvil valorado en 546 385 dólares (unos 462 700 euros) lleva ya cuatro meses parado en el taller, y la propietaria se ha visto obligada a defender sus derechos en los tribunales.
El caso del Rolls-Royce Spectre Black Badge no es un hecho aislado en el mercado de los coches eléctricos de alta gama. En los últimos años, los fabricantes de vehículos premium enfrentan cada vez más críticas por la poca fiabilidad y el elevado coste de las reparaciones. Cabría esperar que, por semejante cantidad de dinero, el cliente obtuviera no solo comodidad, sino también tranquilidad. Sin embargo, la realidad resulta mucho menos glamurosa: ni siquiera las marcas más prestigiosas están a salvo de fallos técnicos, ni los propietarios de largas disputas con los gigantes del automóvil.
El fracaso del lujo
La historia comenzó cuando Marci M. Donovitz adquirió un Rolls-Royce Spectre Black Badge ensamblado a medida a principios de 2025. Ya en octubre, solo cuatro meses después de recibir el coche, sufrió una avería “repentina y grave” en la batería. El vehículo dejó de arrancar y buscar ayuda en el concesionario oficial Avondale Dealership solo sirvió para entrar en una espera interminable. Las piezas prometidas para la reparación nunca llegaron con una fecha concreta, y el coche continúa en el taller hasta hoy.
La propietaria se negó a aceptar la situación y recurrió a abogados, exigiendo la devolución del dinero o la sustitución del vehículo por uno similar. Rolls-Royce se negó a ceder, mientras que el concesionario siguió guardando silencio. Finalmente, tras 40 días sin avances, Donowitz demandó a Rolls-Royce Motor Cars North America y al distribuidor, acusándolos de vender un automóvil con un defecto crítico en la batería, lo que hacía que el coche fuera inseguro e inutilizable.
Servicio sin servicio
Mientras los abogados intentan resolver el conflicto, el coche sigue acumulando polvo en el taller y su valor desciende de manera implacable. Donowitz sostiene que tanto el fabricante como el distribuidor no solo no ofrecieron una solución razonable, sino que además ocultaron información sobre los problemas de fiabilidad de las baterías en este modelo. Aún más, está convencida de que Rolls-Royce tenía conocimiento de estos fallos pero eligió no informar a los clientes para proteger la imagen de la marca.
El escándalo con el Rolls-Royce Spectre Black Badge es solo la punta del iceberg. Basta recordar cómo en China los coches eléctricos ya se han convertido en algo habitual, y las ventas récord del Geely EX2 han demostrado que incluso los modelos económicos pueden ser más fiables y accesibles que las marcas premium occidentales. Así lo refleja el análisis sobre el crecimiento explosivo de ventas de vehículos eléctricos en China, donde el mercado masivo ya impone sus propios estándares de calidad y servicio.
El precio de la decepción
Mientras Rolls-Royce guarda silencio, Donovitz exige una compensación por la pérdida de uso del vehículo, su depreciación y los gastos legales. La situación ilustra claramente que ni siquiera medio millón de euros garantiza tranquilidad. Cada vez más propietarios de coches eléctricos de lujo se enfrentan a que el lujo se convierte en un quebradero de cabeza y el servicio, en una interminable burocracia.
Los problemas con las baterías en los costosos coches eléctricos se hacen cada vez más evidentes en medio del auge de la electrificación. Mientras algunos fabricantes prometen tecnologías revolucionarias y autonomías récord, otros ni siquiera pueden garantizar una fiabilidad básica. Al final, los compradores quedan atrapados entre fallos técnicos y políticas corporativas donde el interés del cliente claramente no es la prioridad.
Rolls-Royce es un fabricante británico de automóviles de lujo, fundado a principios del siglo XX y convertido en símbolo de estatus y prestigio. En los últimos años, la compañía ha invertido activamente en el desarrollo de vehículos eléctricos para mantener su liderazgo en el segmento premium. Sin embargo, la transición hacia nuevas tecnologías trae consigo no solo innovación, sino también importantes desafíos: desde problemas de fiabilidad hasta la necesidad de reestructurar la red de servicio. Los escándalos relacionados con la calidad pueden salir caros a una marca cuya reputación siempre ha sido lo más importante.












