
En una pequeña localidad de Zaragoza, con solo 73 habitantes, hay registrados más de 1.200 vehículos. Esto significa que hay alrededor de 17 vehículos por cada residente, un caso único en España.
La razón de esta cifra anómala radica en la política fiscal local. Según el último informe de la Asociación de Automovilistas Europeos (Automovilistas Europeos Asociados), en este municipio se aplica uno de los impuestos sobre vehículos más bajos del país — el Impuesto sobre Vehículos de Tracción Mecánica (IVTM).
El coste anual del impuesto aquí es mínimo y depende de la potencia del vehículo, pero incluso para los modelos más potentes y caros, es considerablemente más bajo que en las grandes ciudades. Por ejemplo, para un coche de potencia media, el impuesto es de solo unos 3 euros anuales, mientras que en Zaragoza supera los 20 euros. Para los vehículos más potentes y caros, la diferencia alcanza el 600% o incluso más.
Debido a estas condiciones, muchos propietarios de vehículos, especialmente empresas y coleccionistas, matriculan sus coches en esta localidad para reducir los costes fiscales. En los últimos tres años, el número de vehículos registrados aquí ha aumentado casi el triple, pasando de 512 a 1.258.
Mientras tanto, en otras regiones de España el impuesto de circulación es considerablemente más alto. Las ciudades más caras para los propietarios de automóviles son Vitoria, San Sebastián, Bilbao, Barcelona y algunas otras. Por el contrario, en ciudades como Santa Cruz de Tenerife, Melilla y Ceuta, las tasas fiscales siguen siendo bajas.
Expertos señalan que este tipo de política fiscal crea una especie de «paraísos fiscales» para los propietarios de vehículos, lo que afecta la distribución de matrículas en el país y plantea interrogantes sobre la equidad del sistema tributario.












