
La cuestión de la distribución del poder en España cobra hoy una importancia creciente. Para los habitantes de las regiones, las consecuencias son evidentes: las decisiones clave se toman en Madrid y las oportunidades de desarrollo local se ven reducidas. Esta tendencia impacta en la economía, la cultura e incluso en la vida cotidiana de millones de españoles.
El libro del periodista Salvador Enguix plantea preguntas incómodas sobre por qué la descentralización prometida nunca llegó a hacerse realidad. El autor no señala culpables de manera directa, pero analiza detenidamente cómo los antecedentes históricos y los mecanismos actuales favorecen la concentración del poder y los recursos en la capital. El modelo concebido en 1978 quería un reparto equilibrado de la influencia, pero en la práctica sucedió algo muy diferente.
España sigue siendo formalmente un país con regiones autónomas, pero el federalismo real nunca se ha materializado. El libro describe en detalle cómo las decisiones más relevantes en materias financieras, regulatorias y culturales se toman siempre en los mismos centros de poder. Esto genera la impresión de que la centralización es parte intrínseca del sistema, y no resultado de procesos políticos concretos.
Madrid como centro invisible
Se presta especial atención al papel de Madrid, que hace tiempo dejó de ser solo la capital administrativa. La ciudad se ha transformado en un distrito federal no oficial, donde se concentran los ministerios, los organismos reguladores, las grandes corporaciones y los imperios mediáticos. Aquí se forman los principales flujos de influencia, que rara vez salen de los límites de la capital. No se trata de una conspiración, sino de la lógica de un sistema que se sostiene y refuerza a sí mismo.
Uno de los conceptos clave del libro es la «infraestructura invisible». No se trata de carreteras o líneas de tren, sino de redes de influencia, flujos de inversión y relaciones informales. Son estos mecanismos invisibles los que explican por qué las regiones a menudo quedan al margen de debates y decisiones importantes que marcan el futuro del país.
A través del ejemplo de la Comunitat Valenciana, el autor muestra cómo incluso regiones grandes y económicamente desarrolladas van perdiendo progresivamente su influencia real. La causa no está solo en la falta de iniciativa, sino en que las reglas del juego son desiguales desde el principio. Quienes no forman parte de los círculos de poder central parten con desventaja.
Pérdida de oportunidades
Para avanzar en la política, los negocios, la ciencia o los medios, cada vez más es necesario mudarse a la capital. Los profesionales y líderes talentosos abandonan sus regiones para tener éxito, mientras que en sus lugares de origen quedan solo espacios de tránsito. La España interior y las periferias urbanas pierden no solo población, sino también la capacidad de influir en las decisiones que les afectan.
Incluso la digitalización, que prometía derribar barreras y dar voz a todos, terminó por fortalecer los antiguos centros de poder. La vida cultural e intelectual, la formación de la agenda pública y los flujos informativos siguen concentrados en Madrid. El resto de las regiones se ven obligadas a competir en condiciones desiguales, y sus voces a menudo pasan desapercibidas.
El libro subraya que el problema no radica tanto en la geografía, sino en la estructura del poder. La cuestión sobre la existencia del «poder valenciano» (poder valenciano) sigue abierta: ¿alguna vez fue real o es solo un mito mantenido por mero autoengaño?
Federalismo sin contenido
Uno de los capítulos más incisivos del libro está dedicado al análisis de las perspectivas de un verdadero federalismo en España. El autor no ofrece soluciones sencillas, sino que compara distintos enfoques y señala la necesidad de una reforma profunda. Sin una revisión del sistema fiscal, una redistribución real de instituciones y la actualización de los principios de cooperación, el federalismo no será más que una bonita fachada.
El trabajo de Enguix no cierra el debate, sino que amplía sus límites. El silencio de las regiones no es falta de opinión, sino una consecuencia de la arquitectura del poder, que siempre está orientada en una sola dirección. La influencia fluye del centro a la periferia, pero casi nunca a la inversa.
En los últimos años, la cuestión de la centralización del poder en España ha sido objeto de intensos debates. Tras la reforma de 2018, cuando se discutieron nuevos mecanismos para la distribución de competencias, muchas regiones esperaban cambios reales, pero se toparon con las mismas barreras de siempre. Procesos similares se han registrado en otros países europeos, donde las capitales refuerzan su influencia a expensas de las regiones. En España, este conflicto se intensifica en un contexto de desafíos económicos y creciente descontento en las autonomías. El equilibrio entre el gobierno central y las regiones sigue siendo un tema pendiente y requiere nuevas soluciones.












