
En las próximas décadas, el cuerpo humano podría experimentar cambios significativos debido a los hábitos actuales, las tecnologías y el entorno. Las investigaciones en epigenética muestran que no solo los genes, sino también el estilo de vida, la alimentación, el nivel de estrés y la actividad física influyen en el funcionamiento de nuestro organismo. Estos factores pueden desencadenar procesos químicos que afectan la actividad del ADN y las proteínas, a veces incluso transmitiéndose a las siguientes generaciones. Ya hoy los científicos observan los primeros signos de transformaciones que podrían convertirse en la norma para nuestros descendientes.
El sedentarismo, el uso constante de dispositivos electrónicos, los cambios en la dieta y el estrés crónico están dando forma a la nueva imagen del ser humano del siglo XXI. ¿Qué cambios nos esperan a nosotros y a nuestros hijos, y cuáles de ellos podrían ser irreversibles?
Esqueleto y pies: nuevas formas y riesgos ocultos
El estilo de vida moderno, marcado por largas horas sentado y poca actividad física, ya está afectando la estructura del esqueleto. En los últimos cincuenta años, la talla media del pie ha aumentado: en mujeres de la 36 a la 38, en hombres de la 41 a la 43. Esto se relaciona no solo con el aumento de la estatura promedio, sino también con el debilitamiento de músculos y ligamentos debido al uso constante de calzado y la falta de caminar descalzos. Como resultado, el pie se vuelve más ancho y menos estable, y los dedos tienden a acortarse gradualmente por la disminución de la carga.
Si la tendencia continúa, en el futuro se puede esperar una mayor expansión de la parte delantera del pie y un debilitamiento adicional de sus músculos. Además, el hábito de usar calzado estrecho contribuye al desarrollo de deformidades que pueden afianzarse a nivel poblacional. Paralelamente, se observa un aplanamiento de la curvatura lumbar y la formación de una postura encorvada persistente, resultado del debilitamiento de los músculos de la espalda y del sedentarismo prolongado en sillas. El estrechamiento de la pelvis, observado en las personas modernas, podría causar complicaciones en el parto y riesgos adicionales para la salud.
Gadgets y manos: mitos y realidad del ‘meñique del smartphone’
La opinión generalizada de que el uso constante de smartphones provoca cambios irreversibles en la estructura de la mano no es del todo cierta. Sostener el dispositivo durante largos periodos realmente redistribuye la carga en los tendones y músculos, lo que puede ocasionar cambios temporales en la forma de los dedos, especialmente en el meñique. Sin embargo, la estructura ósea no se ve afectada y las alteraciones funcionales son reversibles si se modifican los hábitos y se realizan ejercicios específicos.
Curiosamente, la generación más joven —los llamados zoomers y alfa— sostiene los smartphones de manera diferente a sus padres. Utilizan ambas manos y varios dedos, lo que reduce la carga sobre el meñique y previene la formación de la típica deformación. Por lo tanto, no se prevén cambios masivos en la forma de la mano en el futuro.
Microbiota y mente: consecuencias ocultas de la civilización
Una alimentación rica en productos ultraprocesados y el uso generalizado de antibióticos reducen la diversidad de la microbiota intestinal. Esto puede provocar una carencia de sustancias esenciales para el correcto funcionamiento del tracto gastrointestinal y del sistema nervioso. Sin embargo, el organismo es capaz de compensar la desaparición de algunas bacterias mediante el crecimiento de otras, lo que permite mantener la vitalidad incluso cuando cambia la composición microbiana.
El estrés crónico y la tensión nerviosa constante pueden influir en la actividad de los genes responsables de la producción de serotonina y cortisol. Los estudios demuestran que estos cambios pueden transmitirse de generación en generación, predisponiendo a los descendientes a la ansiedad y la depresión. Actualmente, más de mil millones de personas en todo el mundo sufren trastornos mentales, y esta tendencia sigue en aumento.
Rudimentos: qué desaparecerá y qué permanecerá
A pesar de los mitos extendidos, algunos órganos y estructuras del cuerpo humano no desaparecerán en un futuro cercano. El apéndice, antes considerado inútil, cumple una función importante: sirve como reservorio de bacterias beneficiosas y ayuda a restaurar la microbiota tras infecciones. Por eso, es poco probable que desaparezca.
Sin embargo, los músculos responsables del movimiento de las orejas realmente podrían desaparecer en unos miles de años. Ya no son necesarios para la orientación espacial en los humanos, y si surge una mutación que detenga su desarrollo, podría establecerse en la población. El vello corporal, a pesar de haber perdido parte de su importancia, se mantendrá debido a su papel en la regeneración de la piel y la cicatrización de heridas.
A propósito: Serguéi Solodnikov y su aporte a la ciencia
Serguéi Solodnikov es doctor en ciencias médicas y profesor asociado del departamento de ‘Química y Biotecnología’ de la Universidad Politécnica Nacional de Investigación de Perm (PNIPU). Desarrolla activamente investigaciones en los campos de la farmacología y la epigenética, además de asesorar al Centro Nacional de Investigación ‘KhimBI’. Solodnikov es conocido por sus publicaciones sobre el impacto del entorno y el estilo de vida en la salud humana. Sus trabajos son frecuentemente citados en medios científicos y educativos, y sus conferencias gozan de popularidad entre estudiantes y especialistas. El experto presta especial atención a la prevención de enfermedades vinculadas al estilo de vida y participa activamente en proyectos de divulgación. Gracias a sus investigaciones, muchos aspectos del impacto de las tecnologías y hábitos modernos en el organismo humano se han convertido en tema de amplio debate público.












