
Con la llegada de septiembre, Madrid vuelve a llenarse de vida y sus habitantes retoman el ritmo habitual. Sin embargo, eso no es motivo para renunciar a los pequeños placeres. Este año, tres locales en distintos barrios de la capital ofrecen su propia manera de hacer que la vuelta a la rutina sea un poco más agradable y sabrosa.
En pleno corazón de Malasaña ha abierto una original heladería libanesa, Fré. Aquí no encontrarás sabores estándar ni aditivos artificiales. Los propietarios, Jorge Ruiz y Laura Tejedor, apuestan por ingredientes honestos y combinaciones atrevidas. En la carta: cremoso ashta con agua de flores, pistachos de Bronte y vainilla de Tahití. Todos los postres se elaboran en el propio local y el lema del establecimiento es: nada de productos químicos ni polvos. Un lugar pensado para quienes están cansados del helado común y buscan nuevas experiencias.
En la calle Valverde ha resurgido el bar Josefita, que parece transportar a los visitantes al pasado. El interior evoca la cocina acogedora de una abuela: vajilla sencilla, detalles vintage, una atmósfera de charlas pausadas. Aquí se sirven tapas sin pretensiones modernas, pero hechas con alma: verduras en escabeche, patés caseros, vinos clásicos españoles de pequeños productores. El bar se ha convertido rápidamente en un lugar de encuentro para quienes valoran la sinceridad y la sencillez por encima de conceptos rebuscados.
En Chambéry, la atención de los gourmets se centra en Panda Patisserie, una pastelería japonesa donde cada mañana se hornea pan shokupan fresco, esponjosos pancakes y delicados cheesecakes. El matcha ocupa un lugar especial en el menú, servido junto a desayunos preparados desde cero. Aquí no hay productos semielaborados: todo es artesanal y con la precisión japonesa. Este local se ha convertido en un verdadero descubrimiento para los amantes de la cocina oriental y para quienes encuentran consuelo en los detalles.
Cada uno de estos lugares ofrece su propia visión sobre cómo retomar la rutina: ya sea a través de nuevos sabores, ambientes acogedores o tradiciones inusuales. Madrid demuestra una vez más que, incluso al inicio del otoño, siempre hay motivo para una pequeña celebración gastronómica.












