
La noche del 1 de julio de 2025 comenzó como cualquier otra para Larry Denneau, ingeniero de software senior y astrónomo en el Instituto de Astronomía de la Universidad de Hawái. Los telescopios del sistema ATLAS (Asteroid Terrestrial-impact Last Alert System) escaneaban el cielo, registrando hasta el más mínimo movimiento entre las estrellas. El sistema, diseñado para detectar asteroides cercanos a la Tierra, analizaba automáticamente las imágenes en busca de puntos en movimiento: posibles asteroides, cometas u otros objetos. Tras un filtrado automático, los objetos pasaban al especialista para una revisión final antes de enviar los datos al Centro de Planetas Menores.
Esa noche, uno de estos candidatos apareció en la pantalla de Denneau. A simple vista, el objeto no llamaba la atención: parecía un nuevo asteroide cercano a la Tierra. Siguiendo el protocolo, Larry confirmó el hallazgo y envió los datos. Sin embargo, pronto este presunto “asteroide ordinario” provocó un intenso debate entre astrónomos de todo el mundo.
Un descubrimiento inesperado
Mientras Denneau trabajaba en la cima del Mauna Loa, haciendo el mantenimiento del telescopio, su correo electrónico se llenaba de mensajes. En apenas un día fuera de línea, el interés por el extraño objeto creció rápidamente. Al regresar, encontró cientos de correos: los astrónomos trataban de entender qué era ese cuerpo que cruzaba el Sistema Solar en una trayectoria inusual.
El Centro de Planetas Menores clasificó el hallazgo como 3I/ATLAS, convirtiéndolo en el tercer objeto interestelar detectado cerca de la Tierra tras 1I/’Oumuamua y 2I/Borisov. A diferencia de los cometas y asteroides comunes, los visitantes interestelares no están ligados por la gravedad del Sol: provienen de otros sistemas estelares y desaparecen rápidamente del campo de visión.
Trayectoria sin fronteras
El sistema ATLAS detecta cualquier objeto en movimiento en el fondo estelar, pero la decisión final siempre la toma una persona. Fue Dennyo quien pulsó ese botón, enviando los datos sobre el 3I/ATLAS. Solo entonces quedó claro: la órbita del objeto no obedecía las leyes del Sistema Solar. Los modelos demostraron que la trayectoria era demasiado rápida y extraña para un cuerpo ‘local’.
Cuando los especialistas del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) y el Centro de Planetas Menores intentaron precisar la órbita, todos los cálculos resultaron poco convincentes. El objeto claramente no estaba ligado al Sol. Se inició la búsqueda de observaciones adicionales para confirmar el origen interestelar del cometa.
El ser humano y el código
Larry Dennyo no llegó a la astronomía por el camino tradicional. Su carrera comenzó con la programación y la ingeniería, no estudiando estrellas. Más tarde obtuvo un doctorado en astrofísica en la Queen’s University Belfast, pero fueron sus habilidades en el desarrollo de software las que determinaron su rol en los proyectos astronómicos modernos.
Al trabajar en el desarrollo de software para Pan-STARRS y luego incorporarse a ATLAS, Dennyo se convirtió en un especialista clave en la automatización de la búsqueda de asteroides. Según él, una vez construidos los telescopios, todo el trabajo se convierte en un proyecto informático: son los algoritmos los que permiten procesar enormes volúmenes de datos y encontrar objetos poco comunes.
El poder de la automatización
Cada noche, los telescopios ATLAS toman miles de imágenes, cubriendo un área del cielo superior a cien lunas llenas. En un día, el sistema analiza casi toda la parte visible de la bóveda celeste, regresando varias veces a las mismas regiones. Todas las imágenes se transmiten, comparan y filtran automáticamente mediante un software especial para detectar hasta los movimientos más sutiles.
El volumen de datos es impresionante: entre cuatro y cinco telescopios pueden generar hasta un terabyte de información cada noche. El proyecto ya ha acumulado varios petabytes. Para Denné, como ingeniero, esto representa un desafío constante: asegurar la conservación y el procesamiento de semejantes volúmenes de datos. Al mismo tiempo, la fiabilidad del sistema debe ser máxima para evitar que otros astrónomos pierdan recursos por falsas alarmas.
Dificultades en la búsqueda
Curiosamente, unos meses antes del descubrimiento de 3I/ATLAS, Denné estaba de guardia cuando se detectó el asteroide cercano a la Tierra YR4. En aquella ocasión también confirmó la existencia real del objeto, que inicialmente fue considerado potencialmente peligroso, pero luego se determinó que no suponía una amenaza para la Tierra.
En el caso de 3I/ATLAS, la tarea se complicó porque el objeto cruzaba una región muy densa del cielo, donde la multitud de estrellas de la Vía Láctea dificultaba que el sistema automático lo identificara. Para la confirmación oficial, ATLAS exige cuatro observaciones limpias, y en esa zona “ruidosa” era difícil conseguirlas. Solo cuando el cometa pasó a un área menos congestionada, el sistema pudo localizarlo e incluso encontró imágenes más antiguas que confirmaban su órbita inusual.
Un visitante raro
Desde que se clasificó 3I/ATLAS, el interés por este objeto no ha disminuido. Los cuerpos interestelares son tan poco frecuentes que cada uno representa un acontecimiento para la ciencia y un tema recurrente en los medios de comunicación. Estos hallazgos nos permiten asomarnos al pasado de otros sistemas estelares, ya que el material del cometa se formó mucho más allá de los límites del Sistema Solar.
En esta ocasión, todo comenzó no con una impresionante imagen telescópica, sino con el trabajo del software, los datos y un clic certero en el momento justo. Para Dennyo, la astronomía es una fuente cotidiana de alegría y un desafío constante, donde la tecnología y la atención humana van de la mano.
Si no lo sabías, Larry Dennyo es uno de los principales ingenieros y astrónomos del proyecto ATLAS, financiado por la NASA. El sistema ATLAS es una red de telescopios diseñada para la detección temprana de asteroides cercanos a la Tierra y otros objetos de rápido movimiento. Gracias a una combinación única de automatización y supervisión humana, ATLAS ha sido fuente de descubrimientos sensacionales, incluidos objetos interestelares. Dennyo también participó en el desarrollo del software para Pan-STARRS, otro importante proyecto astronómico en Hawái.












