
En los mitos de la Antigua Grecia cobran vida criaturas cuyos aspectos siguen asombrando incluso milenios después. Entre ellas se encuentran demonios de formas cambiantes, aves antropófagas y monstruos marinos capaces de sembrar el terror en ciudades enteras. Estos personajes no solo provocaban miedo; se convertían en símbolos de temores, misterios y debilidades humanas. Sus historias se transmitieron de generación en generación, inspirando a poetas, artistas y dramaturgos a crear nuevas obras.
Cada una de estas criaturas posee una historia única, marcada por el drama, la traición y la lucha por la supervivencia. Algunas surgieron como castigos de los dioses, otras fueron fruto de la envidia o los celos, y las demás representaban simplemente lo desconocido, ese mundo que los antiguos griegos intentaban explicar a través de los mitos. Este artículo reúne a los monstruos más insólitos y poco conocidos, cuyas imágenes siguen presentes en la cultura contemporánea.
Grayas
Tres ancianas, conocidas como las Grayas, destacan entre los personajes mitológicos por su aspecto inusual y su peculiar forma de vida. Compartían un solo ojo y un solo diente, que se pasaban entre sí cuando lo necesitaban. Las hermanas Enio, Deino y Pefredo eran hijas de las deidades marinas Ceto y Forcis, y además estaban emparentadas con las gorgonas.
Según las leyendas antiguas, las Grayas nacieron ya en edad avanzada, canosas y arrugadas. Se les atribuía la capacidad de predecir el futuro, y sus profecías a menudo resultaban decisivas para los héroes. Perseo, en su búsqueda de Medusa, logró engañar a las hermanas robándoles su ojo y obligándolas a revelar el paradero del monstruo. Se cree que precisamente esta imagen inspiró a Shakespeare para crear a las brujas en «Macbeth».
Empusa
Las empusas eran criaturas demoníacas al servicio de Hécate, diosa de la magia y la noche. Se las describía como cambiaformas capaces de adoptar diversas apariencias. En las comedias de Aristófanes, la empusa aparece con torso de mujer, una pierna de asno y la otra de metal. A veces, se las representaba con cabellos de fuego y un rostro que pasaba de humano a animal con gran facilidad.
Estos demonios se asociaban frecuentemente con las lamias, espíritus sedientos de sangre que cazaban humanos. Las empusas podían infundir terror incluso a los héroes más valientes, y su aparición era considerada un mal presagio. Con el tiempo, su imagen migró a otras mitologías, convirtiéndose en prototipo de vampiros y brujas nocturnas.
Esfinge
La esfinge griega se diferencia notablemente de su ‘pariente’ egipcia. Mientras en Egipto era un guardián con cabeza de hombre, en la Hélade la esfinge poseía rostro femenino, cuerpo de león y grandes alas. Su misión no era proteger, sino desafiar a los viajeros con enigmas cuya respuesta incorrecta costaba la vida.
La historia más conocida está relacionada con la ciudad de Tebas, donde la esfinge aterrorizaba a los habitantes hasta la llegada de Edipo. Solo él logró descifrar el enigma de la bestia, tras lo cual la esfinge se lanzó por un acantilado. Este relato inspiró la tragedia de Sófocles y se convirtió en símbolo de los dilemas irresolubles del destino.
Aves del Estínfalo
Las aves del Estínfalo representan otro aspecto aterrador en los mitos griegos. Estas criaturas aladas habitaban los pantanos de Arcadia y se caracterizaban por su agresividad. Sus picos y plumas eran de metal, y se alimentaban tanto de animales como de personas.
Heracles se enfrentó a ellas durante uno de sus trabajos. Con la ayuda de un cascabel obsequiado por Atenea, logró espantarlas y abatir a varias con sus flechas. Sin embargo, parte del grupo sobrevivió y más tarde encontró a Jasón y los argonautas en las costas del Mar Negro.
Escila
Escila es un monstruo marino que surgió como resultado de un hechizo. Originalmente era una ninfa, pero debido a los celos de Circe fue transformada en un ser de muchas cabezas, fauces de perro y numerosas patas. Escila se instaló en una cueva en la orilla del estrecho de Mesina, donde acechaba a los barcos.
Cualquiera que intentara pasar a su lado corría el riesgo de perder parte de la tripulación. En la orilla opuesta se encontraba Caribdis, que creaba remolinos mortales. Ulises, siguiendo el consejo de Circe, prefirió arriesgarse y pasar por Escila, evitando así el desastre en la segunda trampa.
Sirenas
Las sirenas son criaturas con cuerpo de ave y cabeza de mujer, cuyo canto volvía locos a los marineros. Sus voces eran tan hermosas que nadie podía resistirse, y los barcos se estrellaban contra las rocas ocultas bajo el agua. Las sirenas habitaban en pequeñas islas conocidas como los Acantilados de las Sirenas.
Ulises, deseando escuchar su canto, ordenó a sus compañeros taparse los oídos con cera y a sí mismo atarse al mástil. Gracias a esta astucia, fue el único que sobrevivió al encuentro con las sirenas y pudo contar su historia al mundo.












