
Hollywood ha quedado huérfano. El martes 16 de septiembre, en su casa, falleció tranquilamente Robert Redford, uno de los últimos titanes de la era dorada del cine estadounidense. Tenía 89 años. Según informó su familia, el actor murió mientras dormía, dejando un legado colosal que cambió para siempre no solo el cine mainstream, sino también el mundo del cine independiente de autor.
Su camino hacia la fama no fue sencillo. La juventud del futuro ídolo de millones estuvo marcada por la rebeldía, provocada por la temprana muerte de su madre. Abandonó los estudios y partió a Europa, a Francia e Italia, en busca de sí mismo y de experiencias vitales, intentando encontrar su vocación a través de la pintura. Este período estuvo ensombrecido por la lucha contra la adicción al alcohol, pero al regresar a Estados Unidos, Redford logró rehacerse. Ingresó en el Pratt Institute de Nueva York para estudiar arte, pero el destino tenía otros planes y lo llevó a los escenarios teatrales.
Su verdadero salto se produjo en Broadway, y luego en el cine. Su dúo con Paul Newman en las películas “Butch Cassidy and the Sundance Kid” y “The Sting” se convirtió en un referente, un ejemplo de amistad masculina y carisma en la pantalla. No eran solo actores atractivos; su tándem irradiaba una energía increíble que mantenía al público pegado a la pantalla. Igualmente emblemática fue su colaboración con Jane Fonda, con quien formó varias parejas inolvidables en el cine y mantuvo una cálida amistad hasta el final de sus días. Películas como “Descalzos por el parque” se convirtieron instantáneamente en clásicos.
Sin embargo, Redford nunca fue prisionero de la imagen de héroe romántico. Se atrevió a tomar papeles complejos y políticamente sensibles. La película «Todos los hombres del presidente» se convirtió en uno de los thrillers políticos más importantes de la historia, y su trabajo en el drama «Memorias de África» junto a la inigualable Meryl Streep mostró la profundidad de su talento dramático. En su carrera también hubo momentos controvertidos, como el papel en «El gran Gatsby», recibido con frialdad por la crítica, pero esto no restó valor a su estatus de superestrella.
En los años ochenta, Redford descubrió una nueva faceta de su talento al sentarse en la silla de director. Y lo hizo con un rotundo éxito. Su ópera prima «Gente corriente» le valió el Oscar a la mejor dirección, demostrando que su visión iba mucho más allá de la actuación. Más tarde dirigió cintas emblemáticas como «El río de la vida», donde mostró al mundo a un joven Brad Pitt, y el drama intelectual «Quiz Show: El dilema». Sabía contar historias de manera sutil, profunda y con gran respeto hacia sus personajes.
Pero quizás su mayor aporte al cine mundial fue la creación de «Sundance». Todo comenzó con un modesto instituto para jóvenes cineastas en su rancho en Utah. Con el tiempo, esa iniciativa se transformó en el festival de cine independiente más influyente del mundo. Cada enero, los paisajes nevados de Utah se convierten en la Meca para directores valientes y originales, a quienes Redford les dio la oportunidad de ser vistos y escuchados. Construyó todo un ecosistema para apoyar la visión de autor.
La vida personal del actor estuvo marcada tanto por momentos felices como por duras pruebas. Su primer matrimonio con Lola Van Wagenen duró casi tres décadas y de él nacieron cuatro hijos. La familia afrontó una tragedia terrible: la muerte de su primogénito por el síndrome de muerte súbita del lactante. Muchos años después, en 2020, sufrió otro golpe cuando falleció su hijo James. En 2009, Redford encontró una nueva felicidad al casarse con la artista alemana Sibylle Szaggars, con quien pasó sus últimos años.
Incluso en la madurez continuó apareciendo en pantalla, eligiendo proyectos interesantes y exitosos comercialmente, como “Una proposición indecente” con Demi Moore o “Leones por corderos” junto a Tom Cruise. Su último gran trabajo fue un emotivo reencuentro con Jane Fonda en la película “Nuestras almas en la noche” en 2017. Robert Redford quedará en la memoria no solo como un actor de sonrisa deslumbrante, sino como una personalidad polifacética, director y visionario cuyo impacto en el cine es imposible de sobreestimar.












