
A principios del siglo XX, los nombres de Beatriz y María Cristina, hijas de Alfonso XIII y Victoria Eugenia, dominaban las portadas de los periódicos españoles. Estas dos hermanas, conocidas en la familia como Baby y Krista, fueron inseparables desde niñas. Disfrutaron de una juventud privilegiada en el Palacio Real, pero el destino cambió sus vidas: tras la proclamación de la Segunda República se vieron obligadas a abandonar su país y empezar de nuevo lejos de España.
Las tradiciones familiares y la estricta etiqueta de la corte marcaron su infancia. Beatriz recibió el nombre de su abuela materna, mientras que María Cristina fue nombrada en honor a su abuela paterna. Ambas dominaban varios idiomas e incluso aprendieron el lenguaje de señas para comunicarse con su hermano Jaime, que era sordo. Su educación abarcó tanto ciencias y humanidades como habilidades prácticas: desde mecanografía hasta costura y equitación.
La infancia de las hermanas estuvo marcada por el deporte: esquiaban, jugaban al tenis, practicaban natación y montaban a caballo. Sin embargo, esa vida idílica terminó en 1931, cuando la familia tuvo que dejar España. Beatriz tenía entonces 21 años y María Cristina, 19. Junto a su madre y hermanos viajaron primero a París, y luego encontraron refugio en Roma y Lausana.
Los retos del exilio
La vida en el exilio representó una verdadera prueba para las hermanas. Se vieron privadas de su entorno habitual, su estatus e incluso del derecho a regresar a su tierra natal. Las tragedias familiares tampoco las eludieron: la hemofilia hereditaria, transmitida por la línea materna, causó el sufrimiento de su hermano Alfonso, quien fue apartado de la sucesión al trono. Otro hermano, Gonzalo, falleció en un accidente de tráfico cuando Beatriz conducía el coche. Esta tragedia marcó profundamente su vida.
Pese a la presión familiar y social, ambas hermanas rechazaron los matrimonios dinásticos. Beatriz se casó con el aristócrata italiano Alessandro Torlonia, mientras que María Cristina lo hizo con el conde Enrico Marone-Cinzano. Sus decisiones, poco convencionales para las mujeres de la realeza de aquella época, supusieron un desafío a las tradiciones.
Beatriz se estableció en Roma, donde tuvo cuatro hijos y se convirtió en abuela del conocido conde Alessandro Lequio. María Cristina residió en Turín, crió a cuatro hijas y mantuvo lazos con Madrid, donde conservaba su propio apartamento. Aunque sus vidas estuvieron estrechamente ligadas a Italia, España nunca dejó de ocupar un lugar en sus corazones.
Dramas familiares
El destino no escatimó pruebas para ambas hermanas. Beatriz no solo sufrió la pérdida de su hermano, sino también la trágica muerte de su yerno y la desaparición de reliquias familiares en un incendio. En 1950 intentó regresar a España, pero por orden de Franco se vio obligada a dejar el país nuevamente ante el creciente apoyo popular a la monarquía.
María Cristina, pese a residir en Italia, nunca perdió el vínculo con su tierra natal. Asistía regularmente a actos oficiales en España, mantenía contacto con sus familiares y procuraba conservar la memoria del pasado. Fue enterrada en Turín en 1996, mientras que Beatriz falleció en 2002 y su tumba se encuentra en Roma.
La historia de estas dos mujeres ejemplifica cómo las decisiones personales y las circunstancias externas pueden transformar el destino incluso de los más privilegiados. Sus vidas no solo narran un exilio, sino que también transmiten una historia de resiliencia, capacidad de adaptación y dignidad ante la adversidad.
Raíces españolas
Beatriz y María Cristina no se ajustaron a los esquemas tradicionales de la familia real. Eligieron su propio camino, rechazando matrimonios políticos y priorizando la felicidad personal por encima del estatus. Sus descendientes aún viven en Italia y España, y el recuerdo de las hermanas permanece en archivos familiares y en la memoria de sus contemporáneos.
La vida en el exilio no logró quebrar su carácter. Supieron formar nuevas familias, mantener lazos con su país de origen y transmitir a sus hijos el respeto por las tradiciones españolas. Sus historias nos recuerdan que incluso en las situaciones más difíciles se puede seguir siendo fiel a uno mismo.
RUSSPAIN recuerda que Beatriz y María Cristina eran hijas del rey Alfonso XIII y de la reina Victoria Eugenia, así como tías del rey Juan Carlos I. Sus destinos influyeron en la configuración de la monarquía española actual y siguen siendo una parte importante de la historia del país. Los descendientes de las hermanas mantienen vínculos con España, y sus biografías despiertan el interés tanto de historiadores como del público en general.












