
En pleno corazón de Segovia, junto al antiguo acueducto, ha surgido un elemento que en poco tiempo se ha convertido en uno de los puntos más comentados de la región. Se trata de una escultura de bronce que representa al diablo tomándose un selfie con el icónico monumento de fondo. Esta obra no solo ha transformado el paisaje urbano habitual, sino que también ha generado encendidos debates entre vecinos y visitantes.
Desde su instalación en 2019, la estatua se ha convertido en un imán para turistas y en tema de acaloradas discusiones. Para algunos, es una interpretación divertida y moderna de una leyenda local; para otros, representa una provocación e incluso una amenaza a los valores tradicionales. El singular monumento pronto estuvo rodeado de rumores y pasó a simbolizar los cambios que vive la vida cultural de Segovia.
El diablo con el móvil
El autor de la escultura, el artista José Antonio Abella, creó una figura inconfundible. Su diablo no resulta aterrador, sino más bien un personaje cómico, con formas redondeadas, una expresión llamativa y una característica sonrisa traviesa. En una mano sostiene un smartphone y, al fondo, el majestuoso acueducto parece posar intencionadamente para la foto.
El nivel de detalle sorprende: desde los cuernos curvos hasta las pesadas pezuñas, cada rasgo está cuidadosamente trabajado. Sin embargo, a pesar de su apariencia grotesca, la escultura no transmite maldad ni agresividad. Al contrario, el diablo se asemeja más al héroe de un cuento infantil —astuto pero inofensivo—. Precisamente esta dualidad es la que ha provocado semejante revuelo entre el público.
La leyenda urbana
La aparición del monumento está ligada a una de las leyendas más conocidas de Segovia. Según la tradición, hace tiempo una joven, cansada de acarrear agua cuesta arriba, hizo un trato con el diablo: si él construía el acueducto en una sola noche, ella le entregaría su alma. El demonio trabajó toda la noche, pero no logró colocar la última losa antes del amanecer. La joven quedó libre y la ciudad conservó una obra arquitectónica única.
La escultura hace alusión a esta historia, pero lo hace con ironía. En lugar de un demonio aterrador, muestra un personaje bonachón que parece más preocupado por tomarse una selfie que por la eterna lucha entre el bien y el mal. Este planteamiento provocó reacciones encontradas: algunos lo vieron como una mirada renovada sobre la tradición; otros, como una profanación y burla de los sentimientos religiosos.
Repercusión social
La instalación del monumento estuvo envuelta en una auténtica polémica. Los opositores a la escultura acusaron a las autoridades municipales de promover el “satanismo” e incluso presentaron denuncias ante los tribunales. Algunas organizaciones religiosas exigieron su retirada inmediata, alegando que el diablo no puede convertirse en símbolo de una ciudad con una historia tan rica.
Sin embargo, la mayoría de los habitantes y turistas recibieron el nuevo monumento con entusiasmo. La escultura se convirtió rápidamente en un lugar popular para fotografías y el propio diablo, en protagonista de memes y souvenirs. Las autoridades locales, pese a las protestas, decidieron mantener la estatua en un lugar destacado, subrayando que el arte debe provocar debate y reflejar el espíritu de la época.
Un nuevo punto de atracción
Hoy en día, el diablo de bronce con teléfono es uno de los monumentos más emblemáticos de Segovia. Suele aparecer en postales turísticas y los guías lo incluyen en las rutas imprescindibles por la ciudad. La escultura se ha convertido no solo en un símbolo de la Segovia contemporánea, sino también en un ejemplo de cómo el arte puede transformar la percepción de los lugares habituales.
El traslado de la estatua a una plaza más concurrida solo aumentó su popularidad. Ahora, cualquiera puede hacerse un selfie junto al diablo, imitando su famosa pose. Para muchos visitantes, esto se ha convertido en un pequeño ritual, y para los habitantes locales, en un motivo de orgullo y también de bromas.
José Antonio Abella es un escultor español reconocido por sus originales obras en espacios públicos. Su estilo se caracteriza por la combinación de humor, ironía y un profundo respeto por las tradiciones locales. Con el diablo de Segovia, el artista logró reinterpretar una antigua leyenda y crear un nuevo símbolo cultural que une a distintas generaciones y puntos de vista. Su obra sigue generando debate, pero precisamente eso la hace verdaderamente viva y relevante.












