
La costa de Alicante, famosa por sus animados destinos turísticos y playas interminables, todavía guarda rincones donde el tiempo parece haberse detenido. Frente a los acantilados de la comarca de la Marina Alta, surge del azul del Mediterráneo una pequeña isla. Se alza como un centinela silencioso, conservando huellas de civilizaciones desaparecidas y ofreciendo un refugio seguro para especies raras que han sobrevivido al avance implacable de la industria turística. Sus características formas redondeadas y el acceso deliberadamente restringido han ayudado a preservar este enclave prácticamente intacto. No es de extrañar que haya recibido la máxima distinción como Bien de Interés Cultural y esté severamente protegido como un enclave ecológico de valor incalculable.
Tesoros bajo el agua y en la tierra
Esta porción de tierra de poco más de ocho hectáreas y una altura máxima de 75 metros, conocida como la isla de Portitxol, se ubica a escasos cientos de metros de la costa de Xàbia. Está completamente deshabitada y su terreno es rocoso, abrupto y de difícil acceso. Pero sus principales secretos permanecen ocultos a simple vista. Bajo su superficie pedregosa y en las cristalinas aguas que la rodean se encuentra uno de los conjuntos arqueológicos más importantes de todo el litoral alicantino. Décadas de investigaciones han sacado a la luz restos de construcciones romanas, numerosos fragmentos de cerámica antigua e incluso tumbas de la época bizantina. Todo esto demuestra que la isla estuvo habitada o, al menos, fue utilizada de manera activa durante siglos.
El mayor cementerio de anclas del Mediterráneo
El fondo marino alrededor de la isla se ha convertido en una auténtica cápsula del tiempo que conserva la historia de la navegación. Los investigadores que trabajan aquí han determinado que esta bahía protegida sirvió como fondeadero seguro desde la época de los fenicios y, en tiempos del poderoso Imperio Romano, fue un punto clave en las rutas comerciales más transitadas. Prueba de ello es un hallazgo realmente impresionante: más de doscientas anclas de distintas épocas y diseños. Esto convierte a esta zona en la mayor concentración conocida de este tipo de artefactos en todo el Mediterráneo. Además, en el lecho marino se encontraron restos de dos barcos hundidos: uno púnico, que data aproximadamente del siglo VIII a.C., y otro que naufragó ya en el siglo XVIII. Cada uno de estos descubrimients es una fuente invaluable de información sobre rutas antiguas y redes comerciales.
Reserva privada protegida por la ley
Desde mediados del siglo XX, la isla es propiedad privada de la familia de Guillermo Pons, considerado uno de los pioneros del movimiento ecologista en España. Él defendió activamente la conservación de este rincón natural único y, hoy en día, sus herederos continúan su labor altruista. Las autoridades locales de Jávea, por su parte, impusieron hace tiempo una prohibición total de cualquier tipo de construcción en este territorio, asegurando así su estatus protegido como espacio natural. Gracias a este esfuerzo conjunto, la isla se ha transformado en un auténtico jardín botánico al aire libre, refugio de especies autóctonas de plantas. Aquí se extienden pinares, densos matorrales mediterráneos y, en sus aguas cristalinas, prados de posidonia oceánica, fundamentales para el equilibrio del ecosistema marino.
Llegar a la propia isla no es tarea fácil: el acceso está estrictamente limitado y solo se puede llegar en barco o kayak desde la cercana cala de Portitxol, famosa por sus casas de pescadores blancas con puertas de un azul intenso. Para los amantes del buceo, hay una ruta submarina especial que permite observar anclas antiguas y otros hallazgos arqueológicos en persona. En la superficie, la isla impresiona por sus acantilados fósiles y cuevas naturales, formadas por miles de años de erosión. Su excepcional estado de conservación y su rica historia la convierten en un ejemplo ideal de cómo combinar la protección del medio ambiente con la preservación del patrimonio histórico. Actualmente, la investigación sobre la isla continúa y los científicos planean crear un museo virtual para que todos puedan disfrutar de estos descubrimientos únicos.











