
En el noroeste de España, en la famosa Costa da Morte, provincia de La Coruña, se encuentra un pueblo pesquero único que atrae a los viajeros por su autenticidad. Es un lugar donde los acantilados rocosos se encuentran con el océano Atlántico y la historia marinera se siente en cada calle. Las fachadas coloridas de las casas, las estrechas calles empedradas y el pintoresco puerto crean una atmósfera incomparable que lo convierte en una visita obligada en Galicia.
Se trata de la localidad de Malpica de Bergantiños, cuya historia está íntimamente ligada al mar. En el siglo XVII, fue uno de los principales puertos balleneros de la región, fundado por marineros del País Vasco y Cantabria. Hoy en día, la caza de ballenas pertenece al pasado, pero el puerto sigue siendo un centro de actividad. Aquí se desarrolla la pesca artesanal, funciona la lonja de pescado y una fábrica de hielo, y para los turistas se organizan excursiones que muestran el trabajo de las artesanas locales dedicadas al trenzado de redes (redeiras).
Antiguos barrios como Atalaia y O Areal han conservado su aspecto histórico. Desde sus miradores se disfrutan impresionantes vistas al océano y a las islas Sisargas. Este pequeño archipiélago es un espacio protegido y refugio de numerosas colonias de aves marinas, lo que lo convierte en un atractivo punto para la observación de la naturaleza.
Además del encanto urbano, Malpica ofrece excelentes opciones para disfrutar de la playa. La playa central de Area Maior es la más popular entre los veraneantes. Para quienes buscan tranquilidad y privacidad, las playas de Seiruga, Seaia o Barizo, situadas en calas más apacibles y pintorescas, son ideales. Estos lugares atraen tanto a quienes desean tomar el sol como a los amantes de los deportes acuáticos.
La región también destaca por su riqueza en monumentos históricos. Entre las joyas arquitectónicas sobresalen la iglesia románica de Santiago de Mens, las torres medievales de Mens, construidas en el siglo XV, y el dolmen de Dombate —testimonio de la cultura megalítica. Desde el mirador O Picote da Atalaia se puede apreciar la majestuosidad del Golfo Ártabro y distinguir en el horizonte la silueta de las islas Sisargas.
A pocos kilómetros de la ciudad se encuentra otro lugar emblemático: el faro de Punta Nariga. Diseñado por el arquitecto César Portela, tiene la forma de la proa de un barco desafiando al mar. Desde aquí se contemplan algunas de las panorámicas más impresionantes de la costa, sobre todo al atardecer. Quienes deseen profundizar en las tradiciones locales pueden visitar el Ecomuseo Forno do Forte, en la cercana aldea de Buño, donde se conservan antiguos talleres de alfarería y hornos de cerámica.












