
En el noroeste de la península ibérica, donde el río Miño traza una frontera natural entre dos países, se esconde un rincón donde el tiempo parece fluir según sus propias reglas. Este es Salvaterra de Miño, un enclave estratégico cuya historia está íntimamente ligada a su vecino portugués, la localidad de Monção, al otro lado del río. Solo los separa la superficie del agua, pero los une una historia común, llena de alianzas, batallas y leyendas ancestrales que todavía susurran las piedras antiguas.
El símbolo de este rico pasado es la majestuosa fortaleza medieval que domina el paisaje urbano. Sus imponentes muros, testigos de numerosos siglos, hoy resguardan no solo joyas arquitectónicas como la Casa del Conde o la Capilla de la Virgen de la Oliveira, sino también una inesperada aportación moderna: el Museo de la Ciencia del Vino. Un lugar donde las antiguas tradiciones vinícolas de la región se encuentran con las tecnologías más recientes, creando un diálogo único entre épocas. La fortaleza no es solo un monumento, sino el corazón palpitante de la ciudad, testigo de su resistencia y relevancia a lo largo de los siglos.
Pero Salvaterra no vive solo de recuerdos. Gracias al ambicioso proyecto “Eurociudad”, impulsado en colaboración con la portuguesa Monçao, aquí bulle la vida moderna. Esta iniciativa ha borrado las fronteras formales, convirtiendo ambas ciudades en un único espacio cultural y social. Calles, plazas y acogedoras terrazas a ambos lados del río se han transformado en puntos de encuentro donde disfrutar de los excelentes vinos del subregión local Condado do Tea. Estos vinos, nacidos en un fértil valle, armonizan a la perfección con la gastronomía local, en la que se funden influencias gallegas y portuguesas.
Sin embargo, la verdadera atracción para muchos viajeros que buscan paz y recuperar energías son las termas de Teáns-Oleiros. Este complejo es considerado, con razón, el más grande de Galicia entre los situados al aire libre. Imagine varias piscinas-posas con aguas mineromedicinales a diferentes temperaturas, donde es posible liberar el estrés acumulado y aliviar dolores musculares, contemplando al mismo tiempo bucólicos paisajes de tierras portuguesas. No se trata simplemente de un tratamiento de spa, sino de un auténtico ritual de conexión con la naturaleza y de inmersión en una tranquilidad absoluta.
A solo unos pasos del complejo termal se extiende un auténtico océano verde: el parque “A Canuda”. Su tamaño impresiona: 200.000 metros cuadrados de jardines cuidados, senderos sombreados, áreas deportivas e incluso su propio lago. En el corazón del parque se encuentra un jardín botánico, lo que convierte a “A Canuda” en el mayor parque público de toda Galicia. Es el lugar perfecto para paseos tranquilos, picnics en familia o simplemente para disfrutar de un momento a solas. Para los amantes de las actividades al aire libre, hay rutas fluviales que suman 27 kilómetros y serpentean a lo largo de los ríos Miño, Tea y Mendo. En el camino se pueden descubrir otros tesoros, como el antiguo puente de Fillaboa o el pino de Leirado, oficialmente reconocido como Árbol Singular de la región. Todo esto convierte este rincón de Galicia en el destino ideal para quienes no quieren elegir entre turismo cultural, bellezas naturales y descanso saludable.












