
En la zona noreste de Madrid se encuentra uno de los jardines más singulares de España: El Capricho. Su historia está llena de misterios, giros inesperados y episodios dramáticos, que han convertido este rincón en mucho más que un parque, en un verdadero testimonio de su época.
A finales de los años setenta, cuando el jardín estaba prácticamente abandonado, el joven Alfredo Cobo logró entrar por primera vez tras su verja. En aquel entonces, El Capricho era un lugar descuidado, con sendas cubiertas de maleza y edificaciones silenciosas que parecían detenidas en el tiempo. Más tarde, cuando el jardín pasó a ser propiedad municipal, Cobo se convirtió en visitante habitual, observando el proceso de restauración y los cambios que devolvían al lugar su aspecto histórico.
Fotografiando los cambios, Cobo empezó a interesarse por el pasado del jardín. Su afición se transformó en una investigación seria: estudió documentos antiguos, trabajó en archivos, recopiló planos y fotografías para reconstruir la historia completa de El Capricho. Entre sus hallazgos se encontraban planos únicos realizados por militares durante la Guerra Civil y valiosos diseños custodiados en archivos estatales.
El Jardín de El Capricho fue fundado en 1779 por la duquesa de Osuna. Inicialmente, su diseño seguía las tradiciones francesas, pero con el tiempo incorporó elementos de los estilos inglés y exótico. Durante dos siglos y medio, el jardín fue testigo de acontecimientos clave de la historia española. Durante la Guerra de la Independencia, fue ocupado por las tropas napoleónicas y, en la Guerra Civil, albergó el cuartel general del ejército republicano. Hasta hoy, en el jardín se conserva un búnker que se puede visitar los fines de semana.
En distintas épocas se barajaron proyectos para convertir El Capricho en un hospicio, un orfanato o incluso un exclusivo resort con restaurantes y piscinas. Sin embargo, ninguno de estos planes se llevó a cabo, lo que permitió preservar su atmósfera histórica. Desde 1987, tras ser adquirido por el ayuntamiento, comenzó una amplia restauración del jardín. La recuperación de los elementos arquitectónicos y paisajísticos estuvo a cargo de alumnos de escuelas de oficios, y el primer director fue el reconocido artista Peridis.
Un lugar especial en la historia del jardín lo ocupa su creadora, la duquesa de Osuna. No solo fue mecenas de las artes, sino que también participó activamente en iniciativas sociales, apoyó a artistas y músicos, y promovió la educación de las mujeres. Gracias a su esfuerzo, El Capricho se convirtió en un centro de vida cultural donde se reunían las figuras más destacadas de su época.
En el jardín se encuentran los llamados “caprichos”: elementos arquitectónicos y paisajísticos creados para sorprender a los visitantes, como pabellones, un laberinto, una pequeña fortaleza, un colmenar antiguo, una casita de estilo rural, entre otras construcciones. Muchos de ellos se han conservado hasta nuestros días, aunque parte de las esculturas y elementos decorativos se perdieron o terminaron en colecciones privadas.
Como resultado de años de trabajo, Alfredo Cobo preparó un libro en el que reunió materiales de archivo, planos, inventarios y fotografías poco conocidas. La publicación no solo narra el destino del jardín, sino que también sirve de guía detallada para todos aquellos interesados en la historia de Madrid y la cultura española. El libro incluye biografías de los personajes clave, descripciones de todos los elementos arquitectónicos y anexos con documentos únicos.
Hoy en día, El Capricho sigue siendo uno de los pocos jardines del Romanticismo que se han conservado en España. Su historia es un ejemplo de cómo el patrimonio cultural puede ser rescatado del olvido y volver a formar parte de la vida urbana. El jardín abre sus puertas los fines de semana y su atmósfera única y rico pasado continúan atrayendo tanto a madrileños como a visitantes.












