
Las historias de familias que han dejado su tierra natal en busca de una vida mejor suelen ocultar detalles inesperados que transforman la visión del pasado de regiones enteras. Las ciudades vascas de Ondarroa y Markina-Xemein, ligadas a los antepasados del actor Jacob Elordi, hoy emergen no solo como puntos en el mapa, sino también como símbolos de resistencia, riqueza cultural y tradiciones sorprendentes. Su ubicación única y su rica historia hacen de estos lugares una visita obligada para quienes buscan la auténtica esencia del norte de España.
Según informa Divinity, el abuelo de Elordi, huyendo del régimen de Franco, emigró a Australia, iniciando su viaje precisamente en Ondarroa. Este pequeño municipio, situado en la costa del Golfo de Vizcaya, impresiona por la combinación de su naturaleza agreste y su legado arquitectónico. Aquí, el río Artibai desemboca en el mar, formando un pintoresco puerto deportivo, mientras que numerosos puentes, incluido uno diseñado por el famoso arquitecto Santiago Calatrava, conectan las distintas zonas de la ciudad. El casco antiguo de Ondarroa es un laberinto de callejuelas estrechas donde casas de colores trepan por las laderas, y en cada rincón se perciben huellas de la historia marinera y del respeto por las mujeres, reflejadas en los murales callejeros.
Ondarroa: vida junto al mar
Ondarroa es conocida no solo por su puerto y tradiciones pesqueras, sino también por su rico patrimonio cultural. La torre Likona, perteneciente a la familia de Ignacio de Loyola, y la iglesia de Santa María del siglo XV son ejemplos destacados de arquitectura medieval. También resulta interesante el antiguo ayuntamiento neoclásico, adosado al templo. La ciudad vibra al ritmo de sus fiestas: aquí no solo se celebran los carnavales tradicionales, sino también eventos únicos de la región, como el Día de la Anchoa en mayo, el festival Caminaspi en junio y la célebre ‘Bota Azul’, una carrera ciclista a finales de junio. En verano acuden aficionados a la gastronomía y a los deportes náuticos, mientras que en agosto tiene lugar una feria de productos locales junto a las regatas.
Cada celebración en Ondarroa no es simplemente una fiesta, sino parte de la identidad de la ciudad, donde pasado y presente se entrelazan profundamente. Aquí se honra la memoria de quienes emigraron y se sienten orgullosos de sus raíces. El ambiente invita a paseos tranquilos, y las vistas al Atlántico y las colinas verdes lo convierten en uno de los rincones más pintorescos del País Vasco.
Markina-Xemein: tradiciones y peregrinación
A 14 kilómetros al sur de Ondarroa se encuentra Markina-Xemein, la ciudad natal del padre de Jacob Elordi. Este lugar es conocido como la «universidad de la pelota vasca»: aquí crecieron muchos deportistas famosos y el frontón local es un referente para los aficionados a este deporte tradicional. Sin embargo, no solo el deporte define el carácter de la ciudad. Markina-Xemein es una etapa relevante en la ruta de peregrinos que recorren el Camino de Santiago, lo que ha dejado huella en su arquitectura y su ambiente.
Entre sus atractivos destacan la iglesia de Santa María del siglo XVI, un cementerio neoclásico declarado monumento nacional y la singular ermita de San Miguel de Arretxinaga, que alberga un complejo megalítico natural en su interior. El casco urbano luce antiguas torres y palacetes, sobresaliendo construcciones barrocas, góticas y tradicionales rurales como el granero Barinaga. En verano, la ciudad acoge numerosas fiestas dedicadas a los santos patronos de los diferentes barrios, siendo la principal la de la Virgen del Carmen, que reúne a vecinos y visitantes en julio.
Patrimonio cultural y actualidad
Ambas localidades, pese a su tamaño reducido, desempeñan un papel clave en la preservación de la identidad vasca. Su arquitectura, celebraciones y forma de vida reflejan un profundo vínculo con la historia del territorio y el recuerdo de quienes se vieron obligados a emigrar. Actualmente, no solo vienen descendientes de emigrantes, sino también turistas interesados en descubrir la Euskadi más auténtica, sin artificios pero con una atmósfera genuina y respeto por las tradiciones.
En los últimos años, el interés por estos lugares ha crecido gracias a la fama de Jacob Elordi, cuya familia se ha convertido en símbolo de la diáspora vasca. Sin embargo, para los habitantes locales hay algo más importante: preservar el espíritu único de sus pueblos y transmitirlo a las nuevas generaciones. Aquí se valora no solo el pasado, sino también la capacidad de vivir en armonía con la naturaleza y los vecinos, algo que se percibe especialmente durante las festividades y reuniones familiares.
Jacob Elordi es un actor australiano de raíces vascas que alcanzó fama mundial gracias a sus papeles en cine y televisión. Su familia emigró del País Vasco a Australia a mediados del siglo XX, huyendo de la persecución política. Elordi destaca con frecuencia su vínculo con la cultura vasca y habla con orgullo sobre la herencia de sus antepasados. Por su popularidad, el interés por los pueblos vascos relacionados con su familia ha aumentado notablemente y estas localidades se han convertido en símbolo de la fortaleza y la riqueza cultural de la región.











