FamiliaHechos interesantesHistoriaMonarquía

Tres bodas en el exilio cómo la dinastía Borbón sobrevivió a un año de pruebas y pérdidas

Secretos familiares, concesiones dinásticas y decisiones que cambian el destino

En 1935, tres miembros de la familia real española contrajeron matrimonio en Roma. Estos acontecimientos marcaron un antes y un después para la dinastía y dejaron una huella en la historia. Detrás de las ceremonias se ocultaban dramas y giros inesperados.

Los acontecimientos de 1935 supusieron para la familia real española no solo una prueba de resistencia, sino también un momento en que los destinos personales se entrelazaron profundamente con la historia del país. El exilio forzado en Italia no impidió que los tres hijos de Alfonso XIII y Victoria Eugenia celebraran sus bodas con el esplendor propio de la realeza, aunque lejos de su tierra natal. Estas uniones no solo fueron celebraciones familiares, sino también símbolos de cambio, compromiso y nuevas reglas para una dinastía enfrentada a circunstancias extremadamente complejas.

Cada una de las ceremonias en Roma estuvo marcada no solo por el brillo y la pompa, sino también por dramas ocultos. Tras la fachada de recepciones elegantes y vestidos lujosos, se escondían temores relacionados con enfermedades hereditarias y la necesidad de renunciar a derechos dinásticos en busca de la felicidad personal. La nobleza española reunida en la capital italiana fue testigo de cómo las tradiciones daban paso a nuevas realidades y de cómo el destino de los herederos al trono quedaba condicionado por circunstancias que ni siquiera los monarcas podían controlar.

Miedos familiares

La primera de la serie de bodas fue la de la infanta Beatriz, celebrada el 14 de enero de 1935. Para la familia no fue solo una festividad, sino también un intento de preservar la dignidad y la unidad en el exilio. Beatriz y su hermana Cristina vivieron desde pequeñas bajo la sombra de la hemofilia hereditaria que su madre, Victoria Eugenia, llevó a la dinastía española. La enfermedad ya se había llevado la vida del hermano menor, Gonzalo, y provocó la exclusión del trono del mayor, Alfonso, príncipe de Asturias.

El padre, Alfonso XIII, no ocultaba a los pretendientes de sus hijas los riesgos asociados a la enfermedad. Esta circunstancia prácticamente eliminaba la posibilidad de matrimonios con otras casas reales europeas. A pesar de ello, ambas infantas recibieron proposiciones de matrimonio, pero prefirieron renunciar a las alianzas dinásticas en favor de su libertad personal. Para Beatriz y Cristina, esta elección fue un alivio: optaron por representantes de la aristocracia italiana, lo que les permitió evitar la presión de las tradiciones reales.

Sacrificios por amor

Beatriz se casó con Alessandro Torlonia, príncipe de una dinastía no reinante, lo que la obligó a renunciar a sus derechos al trono español. Este paso fue inevitable: tras las abdicaciones de sus hermanos Alfonso y Jaime, Beatriz era la segunda en la línea de sucesión al trono después de don Juan, futuro padre del rey Juan Carlos I. La boda se celebró en la iglesia romana El Santo Nombre de Jesús y la atmósfera de la ceremonia estuvo impregnada de una sensación de pérdida y esperanza en una nueva vida.

Cristina, por su parte, unió su destino a Enrico Marone-Cinzano, heredero de una reconocida familia italiana, fundadora del famoso vermut. Su boda tuvo lugar algún tiempo después de los hechos descritos, pero ambas hermanas permanecieron en Italia, donde encontraron la felicidad lejos de la corte española. Su madre, Victoria Eugenia, no asistió a las ceremonias, aunque entregó a sus hijas reliquias familiares que, con el tiempo, pasaron a formar parte de colecciones europeas de joyas.

Intrigas dinásticas

La segunda boda resonante fue la unión del infante Jaime con Emmanuela Dampierre, representante de la aristocracia franco-italiana. Jaime, que sufría de casi total sordera tras una grave enfermedad en la infancia, se vio obligado a renunciar a sus derechos al trono por insistencia de su padre. Su matrimonio con Emmanuela, que no pertenecía a casas reales gobernantes, se convirtió en una prueba más de que la dinastía debía llegar a compromisos por el bien del futuro.

La ceremonia tuvo lugar en la iglesia de San Ignacio de Loyola y, posteriormente, los recién casados fueron recibidos en audiencia por el papa Pío XI. Jaime y Emmanuela recibieron el título de duques de Segovia y, más tarde, el de duques de Anjou, lo que les otorgó un lugar especial en la historia tanto de España como de Francia. Sin embargo, la felicidad familiar fue efímera: con los años, Emmanuela abandonó a su esposo y su matrimonio fue anulado fuera de España.

El encuentro de los herederos

La tercera boda fue, quizás, la más decisiva para el futuro de la monarquía española. Don Juan, que se convirtió en el principal aspirante al trono tras la renuncia de sus hermanos, conoció a su futura esposa, Mercedes de Borbón y Orleans, en la boda de su hermana. Su relación pronto se transformó en un romance y, apenas ocho meses después, el 12 de octubre de 1935, se casaron en la basílica romana de Santa Maria degli Angeli.

La boda se celebró en un ambiente de sobrio lujo: el novio lucía un frac elegante con condecoraciones, y la novia, un vestido plateado de la casa de moda Worth. Incluso el ramo se tuvo que buscar a última hora, y en vez de tiara, Mercedes eligió una corona de flores de azahar. Tras la ceremonia, los recién casados recibieron la bendición del papa Pío XII, y las joyas familiares entregadas a Mercedes se convirtieron más tarde en el célebre «legado para transmitir» dentro de la familia real.

Ninguna de las madres estuvo presente en las bodas de sus hijos, lo que solo acentuó la división y el drama reinantes en la dinastía exiliada. Sin embargo, justamente estos matrimonios sentaron las bases para el futuro regreso de los Borbones a España y la restauración de la monarquía.

Alfonso XIII, el último rey de España antes de la proclamación de la Segunda República, fue una figura cuyas decisiones marcaron el destino no solo de sus hijos, sino de todo el país. Su vida transcurrió en la lucha entre el deber y los sentimientos personales, y el exilio fue una dura prueba para él. A pesar de perder el trono, siguió influyendo en los matrimonios dinásticos, buscando preservar el prestigio de la familia. Sus descendientes, pese a todas las dificultades, desempeñaron un papel clave en la historia de España en el siglo XX, y el recuerdo del año de las tres bodas en el exilio sigue despertando interés y debates entre historiadores y admiradores de la monarquía.

Подписаться
Уведомление о
guest
Не обязательно

0 Comments
Межтекстовые Отзывы
Посмотреть все комментарии
Botón volver arriba
RUSSPAIN.COM
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Cerrar

Bloqueador de anuncios detectado

У Вас включена блокировка рекламы. Мы работаем для Вас, пишем новости, собираем материал для статей, отвечаем на вопросы о жизни и легализации в Испании. Пожалуйста, выключите Adblock для нашего сайта и позвольте окупать наши затраты через рекламу.