
En España estalla una nueva fase de un resonante proceso judicial: la Abogacía del Estado prepara un recurso ante el Tribunal Supremo para exigir la anulación de la sentencia contra el ex fiscal general del país, Álvaro García Ortiz. Previamente, fue declarado culpable de revelar secretos oficiales y condenado a dos años de inhabilitación, una multa de 7.200 euros y el pago de una indemnización de 10.000 euros al empresario Alberto González Amador, pareja de la reconocida figura política Isabel Díaz Ayuso.
La acusación se basa en la publicación de correos electrónicos relacionados con la investigación de dos delitos fiscales en los que estaba implicado González Amador. Este episodio fue el detonante del juicio y, ahora, del intento de revisar el caso en la instancia más alta.
La Abogacía del Estado sostiene que durante la sentencia se vulneraron derechos fundamentales de García Ortiz. En las próximas horas se presentará ante el Supremo la solicitud de anulación del fallo, así como una petición separada para suspender la ejecución de la condena. Es la última oportunidad de revertir la situación antes de acudir al Tribunal Constitucional.
Los argumentos de la defensa
La Sala de lo Penal del Tribunal Supremo dictó sentencia por mayoría: cinco jueces apoyaron la condena, mientras que dos votaron en contra. En su argumentación destacaron un mensaje contundente: incluso si la información en los medios es falsa, el fiscal general no puede responder vulnerando la ley.
Los jueces consideraron que García Ortiz, actuando personalmente o a través de intermediarios, permitió la filtración de información al permitir que el programa de radio Hora 25 de Cadena SER publicara el contenido de la carta del abogado de González Amador dirigida a la fiscalía. En dicha carta el empresario aceptaba reconocer su culpabilidad en dos delitos fiscales a cambio de una reducción de pena.
La sentencia también menciona un comunicado de prensa difundido por la fiscalía para aclarar la cronología de los hechos. Según la acusación, esto también forma parte del delito. Por su parte, la fiscalía ya ha denunciado la vulneración de normas procesales: durante el proceso, los cargos fueron ampliados y la defensa no tuvo oportunidad de responder a los nuevos episodios.
Matices jurídicos
Un aspecto clave: el tribunal consideró que la obligación de confidencialidad se mantiene para el fiscal incluso después de una divulgación parcial de la información. Sin embargo, la fiscal adjunta María Ángeles Sánchez Conde no está de acuerdo con esta interpretación. Ella sostiene que la ley no considera revelación de secretos la publicación de información ya conocida: si el secreto ha dejado de serlo, no existe delito.
El incidente con la solicitud de anulación de la sentencia es el único recurso para modificar una decisión del Tribunal Supremo que ya ha entrado en vigor. Si los jueces aceptan los argumentos de la defensa y la fiscalía, la condena podría ser revocada. Sin embargo, la probabilidad de este desenlace es muy baja. Si el Tribunal Supremo rechaza el recurso, a García Ortiz solo le quedará acudir al Tribunal Constitucional con una queja por vulneración de sus derechos.
Regreso a la profesión
Mientras continúa la batalla legal, García Ortiz retoma sus funciones en el Tribunal Supremo, donde ocupa el cargo de fiscal de la Sección de Asuntos Sociales. Este puesto representa el máximo nivel en la carrera fiscal en España. Según los medios, él mismo eligió esta área por considerarla menos expuesta y más tranquila.
Desde su dimisión en noviembre de 2025, cuando el Gobierno designó a Teresa Peramato como nueva fiscal general, García Ortiz ha tratado de mantenerse discreto. Muchos interpretan su retorno a la Sección de Asuntos Sociales como un intento de alejarse de las tormentas políticas y los escándalos.
Repercusiones para el sistema
El Tribunal Supremo limitó el alcance de la sentencia al cargo de fiscal general, sin prohibir a García Ortiz ocupar otros puestos en la fiscalía o en la función pública. Esta decisión ha generado opiniones encontradas en el ámbito jurídico: algunos la consideran justa, mientras otros la ven demasiado benévola o, por el contrario, excesivamente severa.
La situación en torno a García Ortiz vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre los límites del secreto profesional y la responsabilidad de los funcionarios ante la divulgación de información. En España, desde hace tiempo se discute dónde termina el derecho de la sociedad a estar informada y dónde comienza el deber del cargo público de guardar confidencialidad. Este proceso podría sentar un precedente que defina las reglas del juego para todo el sistema.











