
El lunes, en el tribunal de Catarroja, se produjo una confesión que podría cambiar la visión sobre la tragedia que costó la vida a 230 personas en la Comunidad Valenciana. José Miguel Basset, exdirector del consorcio provincial de bomberos, declaró bajo juramento que se supo de la magnitud de la catástrofe inminente ya a las 16:00 horas, cuatro horas antes de que las autoridades enviaran la alerta masiva a los teléfonos móviles de los residentes. En ese momento, según relató, el parque de bomberos ya estaba inundado y la situación en las zonas de Chiva y Cheste empeoraba rápidamente.
A pesar de la conciencia del peligro, el centro de coordinación de emergencias (Cecopi) no actuó con rapidez. La alerta masiva se envió solo a las 20:11, cuando la mayoría de los desaparecidos ya había fallecido. Este desfase temporal ha sido objeto de especial atención por parte del tribunal y ha generado indignación entre los familiares de las víctimas y la sociedad.
Las horas críticas
Basset, ya jubilado, testificó en el tribunal como testigo por segunda vez en poco tiempo. Sus declaraciones se consideran clave para la investigación. La jueza reservó dos sesiones separadas para su interrogatorio, remarcando la importancia de la información que posee el ex jefe de bomberos.
Durante el primer interrogatorio, Basset explicó que se enteró de la evacuación de su equipo del área de Poyo, donde se desarrolló la mayor parte del drama, solo varios días después de los hechos. Según relató, el día de la tragedia, los bomberos abandonaron la zona de peligro a las 15:00, una hora y media antes de que el agua se desbordara e inundara las localidades de Chiva y Cheste, donde viven más de 26.000 personas.
Interrogantes para las autoridades
El testimonio de Basset arroja luz sobre cómo se tomaron decisiones en los momentos críticos. Destacó que ya a las 16:00 los bomberos eran conscientes de que la situación se estaba descontrolando y que las aguas del barranco de Chiva representaban un riesgo mortal. Sin embargo, a pesar de ello, la señal de alerta a la población se emitió con un gran retraso.
En el tribunal también se mencionó a Miguel Polo, presidente de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ), dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica. Según Basset, Polo nunca habló de un ‘colapso’ o ‘rotura’ en la presa de Forata, sino que solo mencionó una ‘coronación’, es decir, el desbordamiento del agua por la cima de la presa.
Retrasos y consecuencias
El proceso judicial reveló una situación preocupante: pese a conocer la amenaza inminente, los servicios de emergencia y las autoridades no lograron coordinar su actuación a tiempo. Como resultado, cuando finalmente llegó la alerta a la población, para muchos fue demasiado tarde.
Los familiares de las víctimas exigen explicaciones: ¿por qué, teniendo toda la información necesaria, las autoridades responsables no actuaron antes? ¿Por qué los bomberos, al comprender la magnitud de la tragedia, no lograron alertar directamente a la población? Estas preguntas siguen sin respuesta y la desconfianza pública hacia las autoridades no deja de crecer.
Drama judicial
El testimonio de Basset marcó un punto de inflexión en la investigación. Sus palabras confirman que la tragedia pudo haberse evitado o al menos mitigado si la alarma se hubiera dado a tiempo. El tribunal sigue investigando quién y por qué tomó la decisión de retrasar el aviso y si se incumplieron los protocolos de emergencia.
El escándalo por la actuación de las autoridades en Valencia sigue creciendo. La sociedad exige transparencia y justicia, y la justicia debe responder a las cuestiones más delicadas de esta tragedia.












