
La sociedad española quedó conmocionada por los hechos ocurridos durante la ceremonia de despedida en Huelva. Para muchos, ese día fue no solo un momento de duelo, sino también el inicio de una lucha por la justicia. Las familias de las 45 víctimas del accidente ferroviario en Adamuz expresaron abiertamente su intención de llegar a la verdad y no permitir que la tragedia caiga en el olvido. Sus palabras sonaron como un desafío, no solo para las autoridades, sino para toda la sociedad, que fue testigo de una de las pérdidas más dolorosas de los últimos años.
El centro de atención fue Liliana Sáenz, hija de una de las víctimas, quien asumió el papel de portavoz de todas las familias afectadas. Su intervención marcó el punto culminante de una ceremonia cargada de dolor, gratitud y un clamor por el cambio. Lágrimas, voz temblorosa, el apoyo de su hermano y de los familiares: el ambiente en la sala era de máxima tensión.
Voz de duelo
Liliana se dirigió a los presentes para expresar los sentimientos no solo de su familia, sino de todos quienes perdieron a sus seres queridos en aquella tragedia. Subrayó que esa era la única forma de despedida que podían aceptar. Sus palabras incluyeron una crítica explícita hacia los funcionarios: «La única dirección que queremos ver a nuestro lado es la dirección de Dios». Esta frase se convirtió en símbolo de la desconfianza hacia las autoridades civiles, quienes, según muchos, no supieron responder adecuadamente a la situación.
Un lugar especial en su discurso fue para el agradecimiento a los habitantes de Adamus, quienes, sin dudarlo, acudieron en ayuda durante el caos de los vagones destrozados. Liliana destacó que los vecinos de la ciudad permanecerán para siempre en el corazón de las familias y que su entrega no será olvidada. También expresó su gratitud a los equipos de rescate, al personal sanitario, a los trabajadores de la Cruz Roja y a todos los que no se mantuvieron al margen, a pesar de los recursos e información limitados.
Exigencia de la verdad
Sin embargo, el agradecimiento pronto dio paso a una exigencia: conocer toda la verdad sobre lo ocurrido. Liliana lo declaró abiertamente: «Somos 45 familias que lucharán por la verdad, porque solo la verdad puede ayudarnos a sanar nuestras heridas». Subrayó que las víctimas no eran simplemente pasajeros del tren, sino personas con sueños, esperanzas y planes de futuro. Su pérdida no es solo una tragedia personal, sino un golpe para toda la sociedad, que, según sus palabras, lleva mucho tiempo dividida y no se da cuenta de ello.
En su intervención también hubo ironía hacia quienes acudieron a la ceremonia “por compromiso”, aludiendo al enfoque formal de algunos funcionarios. Liliana no ocultó su decepción ante lo lentamente que llegó la información en las primeras horas tras la catástrofe. Subrayó: «Es mejor conocer la verdad que hacer conjeturas».
El papel de la iglesia y la sociedad
La ceremonia fue presidida por el obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra, quien dirigió a los presentes un llamado a no olvidar a las víctimas y a apoyarlas no solo hoy, sino también cuando la atención pública disminuya. Recordó la necesidad de respeto, empatía y la importancia de restaurar la justicia. Sus palabras carecieron de matices políticos, pero transmitieron un mensaje claro: «A todos los responsables les espera un largo y difícil trabajo para superar las consecuencias de esta tragedia».
El obispo destacó especialmente que solo el establecimiento de la verdad y una investigación justa pueden prevenir que desastres similares se repitan. Llamó a no olvidar a las víctimas y hacer todo lo posible para que su muerte no haya sido en vano.
Memoria y esperanza
Al cierre de la ceremonia, Liliana volvió a recordar: los fallecidos no son solo cifras en una estadística. Son padres, hijos, nietos, personas que formaban parte de la sociedad y soñaban con un futuro mejor. Subrayó que sus vidas estaban llenas de esperanzas, virtudes y defectos, como las de todos. Pero ahora se han convertido en símbolo de cuán frágil puede ser la vida humana y de la importancia de evitar que tragedias como esta se repitan.
Las palabras de Liliana y de otros familiares sonaron como un juramento: no se detendrán hasta conocer toda la verdad de lo sucedido. Su lucha apenas comienza y ahora es seguida por todo el país.
Anteriormente relatamos cómo en las primeras horas tras la catástrofe en Adamuz, los servicios tardaron en comprender la magnitud de la tragedia. En el reportaje Tragedia ferroviaria en Adamuz deja decenas de muertos se analizaron en detalle las causas del retraso en la asistencia y las preguntas sobre las acciones de los responsables.












