
La infraestructura ferroviaria de España vuelve a estar en el punto de mira tras la tragedia ocurrida cerca de Adamuz el 18 de enero de 2026, cuando un tren de Iryo descarriló causando gran conmoción. La empresa gestora Adif comunicó que solo dos meses antes del accidente se realizó una inspección detallada del tramo y que en ese momento las vías se encontraban en perfecto estado para la circulación. Sin embargo, tras el siniestro, las dudas sobre el estado de los raíles se multiplican y la investigación no descarta que el desgaste de éstos haya sido la causa del desastre.
En un comunicado oficial, Adif destaca que el 5 de noviembre de 2025 sus técnicos inspeccionaron personalmente un tramo de cuatro kilómetros de vía cerca de Adamuz. Según el informe, no se detectaron anomalías. Además, durante el otoño, el tramo Madrid-Sevilla—al que pertenece el sector afectado—fue sometido a otras dos revisiones técnicas: el 3 de octubre se realizó un análisis geométrico con un tren especializado y el 21 de noviembre una prueba dinámica para evaluar el comportamiento de los raíles en circulación.
Pregunta sobre el estado de los raíles
A pesar de las afirmaciones de Adif, tras el accidente aparecieron en redes fotos en las que se observa que falta parte del raíl en el lugar del siniestro. El ministro de Transportes, Óscar Puente, confirmó que se detectaron zonas sin raíles a lo largo de unos 300 metros. Por el momento no está claro si esto fue la causa del accidente o una consecuencia del impacto. Los investigadores de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) y los peritos de la Guardia Civil siguen trabajando para esclarecer los hechos.
La situación genera desconcierto: si las inspecciones se realizaban con regularidad y la tecnología no detectó problemas, ¿por qué apenas dos meses después de la última revisión se produjo un accidente tan grave? Las dudas sobre la calidad del control y el verdadero estado de la infraestructura se intensifican. Por su parte, desde Adif insisten en que todos los procedimientos se siguieron estrictamente según la normativa y que cualquier anomalía debía haber sido detectada y corregida.
Reducción de la velocidad
Mientras la investigación busca respuestas, los maquinistas de otras rutas no esperaron instrucciones oficiales. Ya al día siguiente del accidente decidieron, por iniciativa propia, reducir la velocidad en el tramo de la línea Madrid-Barcelona a la altura de Calatayud. Precisamente en esta zona, desde el verano, los conductores venían alertando sobre irregularidades y vibraciones que, en su opinión, podían suponer un riesgo para la seguridad.
Adif respondió rápidamente: en el 25% del trayecto la velocidad se limitó temporalmente a 160 km/h en lugar de los habituales 250 km/h. El motivo: numerosas quejas de maquinistas sobre “bultos” y vibraciones. Durante la noche del martes al miércoles, los equipos técnicos debían llevar a cabo una inspección extraordinaria para determinar si era posible restablecer el régimen de velocidad anterior. La decisión sobre el levantamiento de la restricción se tomará únicamente tras el informe de los especialistas.
Estándares y realidad
Adif asegura que cumple con todas las normativas de inspección y mantenimiento de las vías férreas. Ante la más mínima sospecha de anomalía se realiza una revisión extraordinaria, tanto a pie como mediante trenes especializados. En las líneas de alta velocidad estas inspecciones se efectúan al menos dos veces al año. Además, se emplean métodos de diagnóstico avanzados: sensores ultrasónicos, pruebas dinámicas y revisiones periódicas.
Sin embargo, los expertos advierten que, aun cumpliendo estrictamente los reglamentos, los raíles sufren desgaste debido a la carga constante y los bruscos cambios de temperatura. Según el presidente del Colegio de Ingenieros, César Franco, no debe haber ni la más mínima holgura entre los raíles; de lo contrario, el riesgo de accidente es inminente. Pero el metal se degrada progresivamente y, si el defecto no se detecta a tiempo, las consecuencias pueden ser catastróficas.
Un sistema bajo escrutinio
En caso de detectarse desgaste o daños, los sistemas automatizados deben alertar de inmediato para que los equipos de mantenimiento actúen con rapidez. Pero la tragedia de Adamuz dejó en evidencia que, pese a la tecnología moderna y las revisiones periódicas, el factor humano y el propio desgaste de la infraestructura pueden desencadenar sucesos fatales.
Actualmente, toda la atención está centrada en los resultados de la investigación. La sociedad espera respuestas claras: quién y dónde cometió un error y por qué el sistema de control no funcionó a tiempo. Por ahora, solo queda especular si este accidente será el motivo para revisar los estándares de seguridad en los ferrocarriles de España o si todo se limitará a nuevas promesas de endurecer las medidas de control.












