
En España vuelve a estar en el centro del debate el destino de los pequeños municipios: esta vez la atención se ha centrado en una historia de Teruel, donde el responsable de una aldea de solo 18 habitantes tomó una decisión poco convencional para salvar la iglesia local. La situación evidencia la urgencia de apoyar el patrimonio cultural en regiones donde la despoblación avanza a gran velocidad y casi no hay recursos para restaurar la infraestructura.
El alcalde del pueblo de Jabaloyas se cansó de esperar una respuesta de las autoridades regionales y nacionales. Tras múltiples solicitudes y varios intentos fallidos de recabar ayuda para la iglesia en ruinas, emprendió viaje al Vaticano. El día de la audiencia pública, abriéndose paso entre la multitud de peregrinos, logró encontrarse cara a cara con el Papa León XIV para contarle en persona sobre la difícil situación del templo.
Lucha por la iglesia
El encuentro con el pontífice resultó decisivo: poco después, expertos de la diócesis de Teruel llegaron al pueblo para evaluar el estado del edificio. En poco tiempo visitaron la iglesia en tres ocasiones: primero para una inspección, después para acordonar las zonas peligrosas y, finalmente, para reforzar el coro. La Iglesia de la Asunción, construida entre los siglos XV y XVI, es motivo de orgullo para Jabaloyas y un ejemplo único de templo defensivo en Aragón. Sin embargo, hoy el edificio se encuentra en estado crítico: hay grietas en las columnas, suelos podridos, la bóveda se desmorona y la humedad deteriora los muros.
El campanario, reforzado con vigas metálicas, recuerda la amenaza constante de derrumbe. En el interior permanecen las huellas del tiempo: un dispositivo junto a la entrada mide cada año nuevas grietas y desplazamientos. El alcalde ha intentado en varias ocasiones lograr la cesión de derechos sobre la iglesia para acceder a subvenciones, pero se ha topado con obstáculos burocráticos. Incluso la propuesta de asumir temporalmente la gestión de la iglesia no ha cambiado la situación.
Una vida al borde de la desaparición
Jabaloyas se encuentra en las montañas de la Sierra de Albarracín, donde la densidad de población no supera las cuatro personas por kilómetro cuadrado. Toda la provincia de Teruel es una de las menos pobladas de Europa. Aquí solo es posible llegar en transporte público una vez por semana, y tanto la asistencia médica como la visita del sacerdote requieren una coordinación especial. En estas condiciones, cada habitante se convierte en guardián de la historia y las tradiciones.
El alcalde lucha activamente por el futuro del pueblo: logró la conexión a la fibra óptica, abrió un espacio de coworking, organiza eventos deportivos y culturales y promueve Jabaloyas en las rutas turísticas. Sin embargo, el sistema de reparto de subvenciones estatales suele estar fuera del alcance de estas localidades: los plazos, la financiación y los requisitos burocráticos son casi imposibles de cumplir para los pequeños municipios.
Atención al interior
La historia de Yabaloas no es un caso aislado. En España crece el interés por los problemas de los pequeños municipios, donde los habitantes deben ser ingeniosos para evitar la desaparición de sus localidades. Como señala El País, iniciativas como estas cobran cada vez mayor relevancia en medio del declive demográfico y la urbanización. En un reportaje reciente de RUSSPAIN.COM se analizaron en detalle las razones por las cuales los residentes de la España rural apoyan los cambios y a nuevas fuerzas políticas — cómo los nuevos líderes ganan la confianza en las pequeñas localidades.
En respuesta a la solicitud del alcalde de Yabaloas, la diócesis prometió elaborar un proyecto de restauración con la participación de arquitectos. Sin embargo, ni siquiera estos pasos garantizan una solución rápida: en cuatro años, el aparato de medición de grietas ha registrado un desplazamiento de solo 1,25 mm, pero para los vecinos se trata de la supervivencia de su patrimonio cultural.
En los últimos años, en España se ha hecho más frecuente que los habitantes de pequeños pueblos busquen por sí mismos llamar la atención sobre sus problemas. En provincias como Castilla y León, Galicia y Aragón, activistas organizan campañas para salvar edificios históricos, celebran festivales y atraen turistas. En algunas regiones, estas iniciativas ya han dado lugar a un aumento en el número de visitantes y la creación de nuevos puestos de trabajo. Sin embargo, la mayoría de los pequeños municipios siguen enfrentando escasez de financiación y dificultades para obtener apoyo estatal.












