
En Andalucía estalla un escándalo en torno al sistema de detección precoz del cáncer de mama. La asociación Amama, que agrupa a pacientes, ha presentado 25 denuncias formales ante el gobierno regional. Mujeres de Sevilla y Jaén han sufrido retrasos y errores en los diagnósticos, lo que ha agravado su estado de salud y, en algunos casos, ha hecho necesarias intervenciones quirúrgicas de mayor gravedad.
Según Amama, el número de afectadas ya se acerca a las cuatro mil —casi el doble de lo que reconocen las autoridades oficiales. Representantes de la asociación señalan que cada día reciben nuevas pacientes con problemas similares. Muchas descubrieron la enfermedad demasiado tarde, cuando el tratamiento resulta más complejo y traumático.
Las autoridades andaluzas afirman estar dispuestas a revisar cada denuncia de manera individual y, si corresponde, a ofrecer indemnizaciones. Sin embargo, las pacientes y sus representantes critican la forma en la que se lleva el diálogo: aseguran enfrentarse a trabas burocráticas y a intentos de limitar la difusión de información sobre la magnitud del problema. La asociación sostiene que cuenta con pruebas reales y con el respaldo de las mujeres afectadas, pero se enfrenta a la desconfianza e incluso a intentos de excluirlas de los debates en los canales oficiales.
La situación se complica por las discrepancias en torno al número exacto de afectadas. Las autoridades insisten en una cifra ligeramente superior a dos mil, mientras que Amama eleva el cómputo a casi cuatro mil casos. El gobierno asegura que finalizará la revisión de las últimas pacientes en los próximos días, pero representantes de la asociación consideran que el problema es mucho más amplio y requiere cambios estructurales.
Conflicto entre las pacientes y las autoridades
En las últimas semanas, la tensión entre la asociación y el gobierno regional no ha dejado de crecer. La dirección de Amama denuncia que intentan excluirlas de las discusiones clave y que les exigen firmar acuerdos de confidencialidad. Esto despierta sospechas entre las pacientes sobre la transparencia de las acciones oficiales y la disposición de los responsables a reconocer errores.
Como respuesta a las acusaciones, las autoridades afirman que todos los miembros de los grupos de trabajo han recibido las mismas condiciones y que los acuerdos de confidencialidad son necesarios para proteger los datos. Sin embargo, los representantes de Amama están convencidos de que su organización está siendo presionada de manera especial y que el gobierno busca limitar el debate público sobre el problema.
Mientras las partes no logran llegar a un acuerdo, las mujeres afectadas por las fallas en el sistema de cribado siguen luchando por sus derechos. Si consideran insuficientes las compensaciones propuestas, están dispuestas a acudir a los tribunales para exigir justicia y llamar la atención sobre la necesidad de reformas en la sanidad regional.












