
En la primavera del año pasado, el gobierno de Andalucía decidió no utilizar fondos europeos para financiar la ambiciosa reforma del hospital Vigil de Quiñones en Sevilla. Había en juego 47,5 millones de euros, que inicialmente se preveía cubrir con recursos de la UE. Sin embargo, tras una auditoría interna, se descubrió que el modelo de adjudicación urgente elegido no cumplía los requisitos establecidos. Finalmente, las autoridades regionales optaron por financiar el proyecto con fondos propios para evitar posibles reclamaciones de la Comisión Europea.
El foco está puesto en el contrato firmado por el Servicio Andaluz de Salud (SAS) durante la pandemia. Aunque la emergencia sanitaria permitía la aplicación de procedimientos simplificados, los auditores consideraron que en este caso no existían razones suficientes para una adjudicación urgente. La pregunta clave es si la situación realmente justificaba tales medidas de urgencia, o si, en realidad, se trataba de una vía para eludir protocolos y limitaciones habituales.
El proceso judicial iniciado en Sevilla abarca toda una serie de contratos firmados entre 2020 y 2024, por un importe global de 242 millones de euros. Entre los investigados figuran tanto responsables actuales como antiguos del SAS. Aunque no hay pruebas claras de desvío de fondos, la investigación sigue analizando si el gasto público estuvo justificado. Los informes internos y auditorías sugieren posibles irregularidades, pero desde el principio las autoridades regionales rechazan cualquier acusación de uso indebido del presupuesto.
La revisión reveló que, al seleccionar al contratista para la remodelación del hospital, no se garantizaron condiciones equitativas para todos los posibles participantes, especialmente los de otros países de la UE. Formalmente se invitó a nueve empresas, pero no se realizó una difusión amplia de la información sobre la licitación. Según los estándares europeos, las compras de emergencia solo están permitidas en circunstancias realmente imprevistas, y en este caso ni los auditores ni los órganos de control vieron dicha necesidad.
En diciembre de 2022, la Comisión Europea auditó varios programas españoles y concluyó que los procedimientos de emergencia limitan la competencia y solo pueden aplicarse en casos excepcionales. Como resultado, parte de las subvenciones previstas fue retirada. Tras esto, las autoridades regionales renunciaron definitivamente a la financiación europea y cubrieron el gasto con fondos propios.
La investigación judicial continúa. El juez ha exigido la entrega de toda la documentación relativa a la polémica remodelación para despejar cualquier duda sobre la transparencia de la operación. Las autoridades de Andalucía insisten en que toda la documentación necesaria ya ha sido remitida, pero el tribunal considera que aún faltan algunos materiales. Todavía no se han emitido conclusiones definitivas sobre el caso.












