
En el corazón de la provincia española de Cáceres, a orillas del río Tajo, existe un lugar capaz de sorprender incluso a los amantes de la historia más experimentados. Allí, bajo el agua, se oculta un misterioso complejo megalítico conocido como el dolmen de Guadalperal. Se estima que tiene unos 7.000 años de antigüedad, lo que lo convierte en uno de los monumentos más antiguos de la península ibérica. Sin embargo, no siempre es posible contemplar esta joya arqueológica, ya que normalmente permanece completamente sumergida bajo las aguas del embalse de Valdecañas.
La aparición del dolmen en la superficie es un acontecimiento insólito que siempre genera expectación entre arqueólogos, turistas y vecinos. Todo depende del nivel del agua en el embalse, que varía según las condiciones meteorológicas y, sobre todo, la duración de los periodos de sequía. Solo cuando la sequía es verdaderamente severa el agua retrocede y emerge el círculo de piedra, que recuerda al célebre Stonehenge británico. Es un espectáculo impresionante: enormes losas verticales, alineadas con precisión, parecen cobrar vida desde las profundidades del pasado.
Historia bajo el agua
El dolmen de Guadalperal fue descubierto a principios del siglo XX por un arqueólogo alemán, quien fue el primero en fijarse en la extraña acumulación de piedras en la zona. En 1963, tras la construcción de la presa, el monumento quedó completamente sumergido. Desde entonces, su aparición depende únicamente de los caprichos de la naturaleza. En los últimos años, cuando España enfrenta sequías cada vez más frecuentes y prolongadas, el dolmen ha emergido a la superficie más a menudo que nunca.
Cada una de estas “resurrecciones” del monumento provoca un intenso debate: ¿cómo preservar un legado tan frágil si la mayor parte del tiempo está bajo amenaza de destrucción? Las autoridades discuten cuestiones como el traslado del conjunto o la construcción de estructuras especiales de protección, pero hasta ahora no se ha encontrado una solución. Mientras tanto, cada nueva aparición del dolmen fuera del agua se convierte en un auténtico acontecimiento para todo el país.
Magnetismo turístico
Cuando el dolmen de Guadalperal emerge en la superficie, no solo acuden científicos, sino también multitudes de turistas. Para muchos es la oportunidad de acercarse a un misterio de la antigüedad que normalmente queda oculto bajo las aguas. Los habitantes locales señalan que en estos periodos el flujo de visitantes a la región aumenta notablemente, y las fotografías del “Stonehenge” español inundan las redes sociales, despertando la envidia de quienes no han llegado a presenciar este milagro con sus propios ojos.
Sin embargo, la afluencia masiva de visitantes también conlleva ciertos riesgos. Las frágiles losas de piedra, que han resistido milenios, podrían dañarse por la imprudencia de algunos turistas. Las autoridades se ven obligadas a restringir el acceso al monumento para preservarlo para las generaciones futuras. No obstante, el interés por el dolmen no disminuye y cada nueva aparición a la superficie reaviva el debate sobre el equilibrio entre turismo y conservación del patrimonio cultural.
Misterios arqueológicos
El Dolmen de Guadalperal no es solo una atracción turística. Se trata de un yacimiento arqueológico clave que aún guarda numerosos secretos. Los expertos siguen debatiendo acerca de su finalidad: ¿fue un centro ceremonial, un lugar de enterramiento o quizá un observatorio astronómico? Algunos hallazgos apuntan a la realización de complejos rituales en la zona y la disposición de las piedras podría estar relacionada con el movimiento del sol y la luna.
Cada vez que el monumento queda al descubierto, los investigadores cuentan con una oportunidad única de analizar su estructura y aquellos detalles imposibles de explorar bajo el agua. Sin embargo, el tiempo siempre es limitado: en cuanto sube el nivel del agua, el dolmen vuelve a desaparecer, dejando únicamente fotografías y recuerdos en quienes fueron testigos.
El Dolmen de Guadalperal no son simplemente piedras dispuestas en círculo. Es un testigo silencioso de épocas en las que en el territorio de la actual España surgían las primeras civilizaciones. Cada vez que emerge a la superficie, se convierte en un acontecimiento que une a las personas y nos invita a reflexionar sobre la fragilidad del patrimonio y cuánto desconocemos aún sobre nuestro propio pasado.
El Dolmen de Guadalperal es un monumento único del Neolítico situado en la provincia de Cáceres, España. El conjunto está formado por más de 100 losas de piedra dispuestas verticalmente, creando un círculo de aproximadamente 26 metros de diámetro. Se cree que fue utilizado como lugar de enterramiento y para realizar rituales. Tras su inundación en la década de 1960, el dolmen solo aparece en la superficie durante periodos de sequía extrema, lo que lo ha convertido en un símbolo de la lucha por preservar el patrimonio histórico ante el cambio climático.











