
En pleno corazón de la provincia de Alicante, en el antiguo emplazamiento del campo de concentración de Albatera, arqueólogos se toparon con inesperados vestigios del pasado. Una simple conversación con un vecino local se convirtió en una auténtica revelación: recordó cómo, en los años 50, en uno de los terrenos abandonados, yacía una montaña de latas vacías. Para los investigadores, aquello resultó ser mucho más que basura, pues décadas después permitió arrojar luz sobre el destino de los prisioneros.
La última expedición arqueológica, realizada en noviembre, deparó hallazgos asombrosos. Entre latas oxidadas y objetos cotidianos apareció un botón militar con el águila estadounidense, así como monedas de Holanda, Suiza y la Unión Soviética. Estos objetos confirmaron la presencia de brigadas internacionales entre los internos del campo: extranjeros que lucharon en el bando republicano.
Testimonios de los prisioneros
Para los arqueólogos, estos descubrimientos no resultaron del todo sorprendentes. En los relatos de antiguos prisioneros, publicados ya en los años 90, se mencionaba de forma reiterada la presencia de extranjeros en Albatera. Uno de los internos, José Bonet, narró cómo a algunos forasteros los sacaron del campo con engaños bajo el pretexto de deportación, pero en realidad fueron ejecutados. Estos episodios trágicos permanecieron largo tiempo solo en el recuerdo hasta que la tierra reveló sus secretos.
Otro ex prisionero, Miguel Siñés, recordaba cómo los guardias sacaban latas de conserva fuera del campo, apilándolas junto a una zanja bajo las palmeras. Para los arqueólogos, esto se convirtió en una especie de mapa del tesoro, ya que en ese lugar, años después, se encontraron artefactos únicos. Un botón con el águila estadounidense, típico del uniforme militar de los años 30, fue la clave para descifrar el enigma: en el campo realmente estuvieron internados brigadistas internacionales, incluidos voluntarios de Estados Unidos.
Historia del campo
El campo de Albatera fue creado sobre la base de un campo de trabajo republicano y, desde abril de 1939, se convirtió en uno de los mayores campos de concentración de la España franquista. En siete meses pasaron por allí unas 15.000 personas. Muchos de ellos fueron capturados en el puerto de Alicante mientras intentaban abandonar el país tras la caída de la República. Entre los prisioneros había tanto españoles como extranjeros: miembros de las Brigadas Internacionales y unidades de élite del ejército republicano.
En 2025, los arqueólogos regresaron al terreno del campo tras obtener financiación para la búsqueda y exhumación de fosas de la Guerra Civil. Las autoridades locales respaldaron el proyecto y el Ayuntamiento de San Isidro, donde hoy se ubica el campo, participó activamente en las excavaciones. Durante los trabajos no solo se encontraron monedas extranjeras, sino también insignias militares: una placa de cobre de un tanque británico de la Primera Guerra Mundial y varias insignias de pilotos de la aviación republicana.
Monedas y artefactos
Las monedas halladas despertaron especial interés. Además de ejemplares franceses y marroquíes, esta vez los arqueólogos extrajeron de la tierra un florín de plata holandés de 1923, una moneda suiza de cinco francos de 1908 y un ejemplar soviético de tres kopeks de los años 20. Estos hallazgos no dejan lugar a dudas: entre los prisioneros había personas de diversos países que lucharon por la libertad de España. Junto con el botón estadounidense, estos objetos se convirtieron en muda evidencia del carácter internacional de los reclusos.
En el campo de concentración estuvieron detenidos no solo militares, sino también civiles. Muchos llegaron tras fracasar en su intento de evacuar de Alicante a Argelia. Entre ellos había mujeres que desempeñaron un papel especial en la vida del campo. Venían desde lejos, desde Murcia o el propio Alicante, recorriendo decenas de kilómetros a pie para apoyar a sus seres queridos. Llevaban comida, conversaban con los presos a través de la valla e incluso, en ocasiones, sobornaban a los guardias para hacerles llegar paquetes.
Huella femenina
Las excavaciones también depararon hallazgos inesperados relacionados con la presencia femenina. Entre los desechos, los arqueólogos encontraron discos de plomo —pesos que se cosían al dobladillo de las faldas para que el viento no las levantara. Se recuperaron además otros objetos: broches para mantones, horquillas para el cabello. Todo esto demuestra que las mujeres no solo apoyaban a los reclusos, sino que también dejaron su huella en la historia del campo.
Entre los hallazgos habituales — cartuchos, hebillas, precintos comerciales — también se encontraron objetos más raros que permiten ver la vida del campo desde otra perspectiva. Cada artefacto es una pieza de un gran mosaico que conforma la trágica, pero relevante, imagen para comprender el pasado de España.











