
En las Islas Baleares ha estallado un gran escándalo relacionado con la renovación de la flota de ambulancias. Los nuevos vehículos, destinados a mejorar la atención sanitaria, resultaron inesperadamente ilegales para la mayoría del personal. El motivo: superan el peso máximo permitido para los permisos de conducir de tipo B, los más habituales entre los conductores del servicio.
De los 246 vehículos adquiridos, 122 superan las 4 toneladas. Para conducirlos se requiere el permiso especial de categoría C1, que solo poseen unos pocos empleados. Como consecuencia, gran parte de la flota ha quedado inutilizada y los pacientes sin la asistencia necesaria.
Los partidos políticos Més per Mallorca y PSIB-PSOE han alzado la voz con severas exigencias. Reclaman la dimisión inmediata tanto del responsable del servicio de ambulancias como del consejero de Sanidad. Consideran inadmisible este tipo de errores en la planificación y compra del equipamiento, especialmente cuando están en juego vidas humanas y millones de euros del presupuesto público.
La situación se agrava porque, para solucionar el problema, las autoridades se ven obligadas a desmontar parte del equipamiento de los nuevos vehículos. Esto provocará una reducción del confort y la seguridad para los pacientes, así como gastos adicionales por la modificación y almacenamiento del material retirado. Además, sigue sin resolverse quién conducirá los vehículos si no se puede formar al personal y obtener los permisos necesarios con rapidez.
Respuesta de los sindicatos y repercusiones para las regiones
Los sindicatos de trabajadores de la salud han condenado enérgicamente las acciones de la dirección. Señalan que, durante la preparación del contrato, no se tuvieron en cuenta las necesidades reales ni las capacidades del personal. El problema es especialmente grave en Ibiza y Formentera, donde solo unos pocos conductores cuentan con la categoría de carnet requerida.
Las autoridades han prometido financiar la formación y la obtención de nuevos permisos de conducir para los empleados, pero este proceso llevará tiempo y requerirá recursos adicionales. Mientras tanto, los vehículos están siendo parcialmente desmontados para reducir su peso, eliminando sistemas modernos de seguridad y ergonomía. Esta decisión ha generado una ola de críticas, ya que originalmente se compró la flota como una de las más avanzadas de Europa.
Pérdidas económicas y de imagen
El coste total de la renovación de la flota alcanzó casi 56 millones de euros. Ahora, el gobierno regional no solo debe dar explicaciones ante la sociedad, sino también buscar cómo minimizar los daños. La pregunta sobre quién asumirá la responsabilidad por la compra fallida sigue sin respuesta. Los partidos políticos exigen una investigación transparente y la publicación de toda la documentación relacionada con el contrato.
Mientras las autoridades intentan encontrar una solución a la crisis, pacientes y trabajadores del servicio de emergencias se ven obligados a soportar molestias temporales y una reducción en la calidad del servicio. El escándalo ya se ha convertido en uno de los temas más comentados en Baleares y, probablemente, provocará cambios en el gobierno regional.












