
En Badalona, la situación de las personas sin hogar se agravó tras el cierre del único refugio municipal. En los últimos dos meses, cuatro personas sin vivienda fija han fallecido en las calles de la ciudad. Esto generó indignación entre los vecinos y organizaciones, que exigen medidas urgentes a las autoridades. La decisión de la administración de clausurar el refugio provocó protestas masivas y un amplio debate, pues las consecuencias de este paso resultaron trágicas para los grupos más vulnerables.
La historia de Jordi Fibla
Jordi Fibla era el menor de siete hermanos en una familia dedicada durante cuatro generaciones a la carnicería en el centro de Badalona. A pesar de sus raíces profundas y posición social, su vida terminó en la calle. A principios de marzo fue hallado sin vida en una de las plazas de la ciudad. Fibla se convirtió en la cuarta persona sin hogar que pierde la vida en Badalona desde comienzos de año. Su caso destaca entre otros porque era muy conocido en la ciudad y su destino despertó una atención especial entre la opinión pública.
Según informa El Pais, voluntarios ayudaron en varias ocasiones a Jordi Fibla, llevándole comida y ropa de abrigo. El Ayuntamiento asegura que le ofreció diferentes opciones de alojamiento, pero él las rechazó. Sin embargo, representantes de organizaciones insisten en que la ciudad carece de recursos suficientes para albergar a todas las personas que los necesitan. Tras el cierre del refugio Can Bofí Vell, decenas de personas se han visto obligadas a dormir en la calle y en espacios públicos.
Respuesta de la sociedad y las autoridades
El cierre de Can Bofí Vell en la primavera de 2024 marcó un punto de inflexión en la política social de la ciudad. Tras este hecho, muchas personas sin hogar se quedaron en la calle. A pesar de las numerosas peticiones de organizaciones sociales y de la oposición, las autoridades no han tomado medidas para habilitar nuevos espacios de acogida. Incluso después del desalojo de más de 400 personas del antiguo instituto B9, la situación no ha cambiado.
Voluntarios y activistas destacan que el albergue está en buen estado y puede abrirse en breve. También insisten en habilitar un comedor para quienes lo necesitan. La oposición acusa al Ayuntamiento de inacción y exige resolver el problema de inmediato. Según El Pais, el alcalde Xavier Garcia Albiol afirmó anteriormente que ya se habían cumplido los objetivos frente al sinhogarismo, pero los trágicos acontecimientos de los últimos meses desmintieron esas declaraciones.
Historias personales y consecuencias
Jordi Fibla vivió en la calle durante más de un año, durmiendo en bancos junto a un parque infantil y una autopista. Sus conocidos recuerdan que, tras un divorcio y perder su negocio, no logró adaptarse a la nueva realidad, cambiaba frecuentemente de trabajo y no seguía las normas. Poco a poco se aisló, y el contacto con su familia se redujo a pedir dinero. Su muerte fue notoria para la ciudad, a diferencia de otros sintecho fallecidos de los que apenas se conoce nada.
Entre otros casos, se registró la muerte de un hombre en enero cerca de un aparcamiento en la zona de Raval y el fallecimiento de otro sintecho en febrero junto a una comisaría de policía en Canyadó. Estas tragedias evidencian la magnitud del problema y la falta de soluciones estructurales. Las organizaciones sociales se preguntan cuántas vidas más se perderán por la inacción de las autoridades.
Contexto y casos similares
En los últimos años, España ha vivido repetidas situaciones en las que el cierre de albergues o la reducción de programas sociales ha provocado un aumento de muertes entre personas sin hogar. En Barcelona y Madrid, episodios parecidos generaron gran impacto social y medidas de apoyo temporales, aunque pocas veces se tomaron decisiones a largo plazo. En 2025, en Valencia, tras una serie de fallecimientos en la calle, las autoridades se vieron obligadas a abrir alojamientos nocturnos adicionales. Pese a iniciativas puntuales, el problema sigue siendo relevante en muchas ciudades del país.











