
En Badalona ha estallado de nuevo un grave conflicto social. Tras el reciente desalojo de personas que ocupaban el antiguo edificio del instituto B9, decenas de migrantes se han visto en la calle sin un techo donde cobijarse. La decisión de desalojo fue tomada por el juez, pero la ejecución estuvo marcada por irregularidades: no se ofreció alojamiento alternativo y muchos quedaron desamparados. Los servicios municipales no brindaron ningún tipo de ayuda y el alcalde Xavier García Albiol declaró abiertamente que no tiene intención de facilitarles recursos.
Durante varios días después del desalojo, la ciudad sufrió lluvias torrenciales. Algunos exresidentes lograron encontrar refugio temporal por su cuenta, pero muchos se vieron obligados a dormir en la calle. El domingo por la mañana, la organización benéfica Cáritas intentó ofrecer alojamiento a 15 personas en la iglesia Mare de Déu de Montserrat, en el barrio de Sant Crist. Sin embargo, un grupo de vecinos bloqueó el acceso e impidió la entrada de las personas sin hogar. El alcalde también se hizo presente en el lugar, pero no aportó ninguna solución al problema.
Reacción de las autoridades
Las acciones del Ayuntamiento provocaron una ola de críticas por parte de organizaciones sociales. Representantes de Cáritas y Badalona Acull han denunciado en varias ocasiones que las autoridades municipales están ignorando sus obligaciones de apoyo a las personas en situaciones de emergencia. En los últimos años, los programas sociales han sido recortados o eliminados, y la ayuda a los más necesitados es prácticamente inexistente.
El alcalde Albiol, al ser consultado sobre el destino de los desalojados, se limitó a afirmar que estas personas se encuentran en el país de manera irregular y que el municipio no dispone de recursos para apoyarlas. Esta postura generó indignación entre algunos vecinos y defensores de derechos humanos, quienes consideran que el ayuntamiento tiene la obligación de ayudar a todos los necesitados, independientemente de su estatus.
Aumento de la tensión
Badalona es la tercera ciudad más poblada de Cataluña, con más de 230.000 habitantes. Sin embargo, incluso prestar una ayuda mínima a 15 personas sin hogar resultó imposible. La situación se agravó cuando, tras dejarse llevar por la retórica sobre los “irregulares” y temiendo por su seguridad, algunos vecinos impidieron a los migrantes refugiarse en una iglesia. Muchos de quienes bloquearon la entrada justificaron sus actos por miedo y desconfianza hacia los recién llegados.
En la ciudad han crecido los sentimientos de xenofobia y desconfianza hacia los migrantes. En intervenciones públicas, el alcalde ha reiterado en varias ocasiones que no piensa destinar fondos municipales a personas sin papeles. Esto ha provocado un intenso debate en redes sociales y en las calles, donde parte de los ciudadanos apoya la postura dura de las autoridades, mientras que otros demandan un enfoque más humanitario.
Contexto histórico
Lo curioso es que la iglesia que no permitió la entrada a los sintecho ya fue símbolo de lucha por los derechos en el pasado. Tras la caída del régimen de Franco, fue ocupada por activistas que exigían la apertura de una escuela pública. Ahora, este lugar se ha convertido en escenario de enfrentamiento entre vecinos y migrantes que buscan refugio.
Algunos de los que se oponen a la ayuda también tienen historias de migración en sus propias familias. Durante la dictadura, muchos catalanes se vieron obligados a abandonar sus hogares en busca de una vida mejor. Ahora, parte de la sociedad parece haber olvidado ese pasado y respalda políticas estrictas contra los recién llegados.
Repercusión social
Los sucesos de Badalona han generado un amplio debate público. La ciudad está dividida: mientras unos reclaman el cumplimiento de la ley y rechazan la asistencia a los migrantes, otros insisten en la importancia de la solidaridad y el apoyo a quienes atraviesan momentos difíciles. En redes sociales y plazas, el debate sobre cómo deben actuar las autoridades en estos casos sigue más vivo que nunca.
Mientras tanto, decenas de personas siguen durmiendo en la calle y las autoridades municipales no ofrecen ninguna solución. La situación permanece tensa y es incierto si conducirá a un cambio de políticas o solo profundizará la división social.












