
Barcelona vuelve a estar en el centro de la atención tras la publicación de archivos relacionados con el caso de Jeffrey Epstein. Para España, esto no es solo otro escándalo internacional: está en juego la reputación de una de las ciudades más emblemáticas del país y la seguridad de los colectivos más vulnerables. Los nuevos hechos subrayan la profunda arraigada del problema de la explotación de mujeres y ponen en duda la eficacia de las medidas pasadas y presentes para combatir este fenómeno.
Según los materiales que documentan las actividades de Epstein, Barcelona se convirtió entre 2011 y 2018 en el epicentro europeo para el reclutamiento de jóvenes mujeres. Durante ese periodo, la ciudad se utilizaba como plataforma inicial para captar y atraer mujeres, en su mayoría procedentes de entornos socialmente desfavorecidos. Se les convencía de trabajar en supuestas ‘agencias de modelos’, lo que en realidad suponía su incorporación a una red de explotación. En una correspondencia que salió a la luz pública, Barcelona aparece como un lugar más seguro para este tipo de operaciones que París, gracias al gran flujo de turistas y a la relativa anonimidad.
El esquema de captación
En los documentos se menciona a Daniel Siad, un intermediario franco-argelino que residía en Barcelona y coordinaba el proceso de “selección” de las chicas. Tras el primer contacto en la capital catalana, las trasladaban a París, donde las recibía otro integrante de la red: Jean Luc Brunel, detenido en 2020. Toda la cadena estaba diseñada para minimizar los riesgos de los organizadores y aprovechar al máximo la vulnerabilidad de las víctimas.
La correspondencia prestaba especial atención a la edad de las chicas. En una de las cartas, Epstein rechazó la candidatura de una mujer de 25 años, calificándola de “demasiado mayor”. La actividad de los intermediarios no se limitaba solo a España: entre otras ciudades en las que se realizaba la búsqueda figuraban Marrakech, Kiev, Estocolmo y La Habana. Sin embargo, Barcelona seguía siendo el punto clave para la parte europea del esquema.
Reacción e inacción
A pesar de las numerosas protestas y demandas de organizaciones feministas y de derechos humanos, la situación en Barcelona prácticamente no ha cambiado. Las autoridades de la ciudad, incluidas anteriores administraciones, no lograron ofrecer soluciones efectivas. Los debates sobre la legalización de la prostitución y su reconocimiento como “trabajo” solo avivaron las polémicas sin lograr cambios reales para las mujeres más vulnerables: migrantes y aquellas que atraviesan situaciones de vida difíciles.
El problema de la explotación de mujeres en Barcelona no es nuevo. La ciudad lleva tiempo apareciendo en foros donde hombres buscan “entretenimiento” y sigue siendo uno de los destinos más populares para el turismo sexual en Europa. Sin embargo, las acciones reales para proteger a las víctimas y frenar la actividad de estas redes siguen siendo aisladas y poco efectivas.
Contexto y consecuencias
El aumento del interés por el tema tras la publicación de los archivos de Epstein volvió a sacar a la luz problemas sistémicos. Barcelona, pese a su imagen abierta y progresista, ha quedado desprotegida frente a tramas criminales internacionales. La incógnita sobre cómo responderá la ciudad a estos nuevos retos sigue vigente. Por ahora, Barcelona sigue atrayendo la atención no sólo de turistas, sino también de quienes buscan un beneficio fácil a costa de la vulnerabilidad ajena.
En los últimos años, Europa ha enfrentado varios casos sonados relacionados con la explotación de mujeres y redes internacionales de captación. Escándalos en París, Berlín y Ámsterdam han demostrado que se trata de un problema transnacional que requiere soluciones integrales. En España, también se ha debatido en numerosas ocasiones la necesidad de reforzar el control sobre la actividad de agencias de modelos y servicios turísticos. Sin embargo, a pesar de ciertos éxitos policiales, la mayoría de estas tramas permanecen ocultas y las víctimas, desprotegidas.












