
En Bilbao ha cambiado la forma de despedirse de los seres queridos. El cementerio municipal ahora dedica oficialmente espacios especiales para familias que han perdido hijos durante el embarazo o poco después del nacimiento, así como para dueños de mascotas. Las nuevas normas, que entran en vigor en 2025, reflejan los cambios sociales y el deseo de hacer el proceso de despedida más humano y accesible.
María González perdió a su hija en una etapa avanzada del embarazo. Hace nueve años, se dio cuenta de que hablar sobre la pérdida perinatal era prácticamente imposible. Junto a otras personas en su misma situación, María fundó la asociación Esku Hutsik para apoyar a las familias que pasan por lo mismo y para reivindicar el reconocimiento de su dolor. Gracias a sus esfuerzos, en Bilbao se erigió el primer monumento en el País Vasco en memoria de los bebés fallecidos antes o poco después de nacer.
Experiencia perinatal
Durante mucho tiempo en España no existieron mecanismos legales que permitieran a los padres despedirse oficialmente de un hijo que no hubiera sobrevivido al menos un día fuera del útero. Estas pérdidas se consideraban un caso médico y no una tragedia personal. Solo en los últimos años la situación ha comenzado a cambiar: en los hospitales han surgido protocolos de apoyo y en los cementerios, zonas especiales para las despedidas.
En Bilbao, este proceso ha adquirido un significado especial. Aquí se ha instalado una escultura que simboliza el vientre materno y, junto a ella, una composición con compartimentos donde los padres pueden depositar objetos conmemorativos: un calcetín, un dibujo, una pulsera. Este lugar se ha convertido en un punto de encuentro para quienes buscan apoyo y la oportunidad de expresar sus sentimientos.
Mascotas y nuevas tradiciones
La normativa renovada del cementerio contempla no solo espacios para el duelo perinatal. En una ciudad donde hay más perros que niños, también habrá una zona para despedirse de los animales de compañía. A partir de 2027, los dueños podrán cremar a sus mascotas —perros, gatos, hurones— y esparcir sus cenizas en un área especialmente habilitada, que recuerda a un bosque de la memoria.
El proceso se organizará en tres etapas: primero, el animal será recogido en un vehículo especial con cámara frigorífica, luego se realizará la cremación y, después, la familia podrá despedirse en un rincón tranquilo con fuente y árboles. Las limitaciones de peso y tipo de animal están claramente definidas: no más de 80 kilos y no menos de 10 gramos, es decir, caballos y peces no están permitidos.
Un lugar para todos
El cementerio de Bilbao no es solo un espacio de memoria, sino también un reflejo de la diversidad de la ciudad. Aquí descansan unas 400.000 personas, una cifra superior a la población actual del propio Bilbao. Se ha puesto especial atención en la comunidad musulmana, que representa cerca del 4% de la población. Para ellos se ha habilitado una parcela diferenciada, aumentando su capacidad de 76 a casi 3.000 tumbas, de modo que se respeten las tradiciones y necesidades de este grupo.
La mayoría de los musulmanes prefiere ser enterrada en su país de origen, pero para quienes permanecen aquí, ahora existe la posibilidad de cumplir con los rituales religiosos. A diferencia de otros, no practican la cremación, por lo que la disponibilidad de espacio es especialmente relevante para ellos. Al mismo tiempo, entre el resto de los habitantes de la ciudad, la cremación gana popularidad, lo que reduce la presión sobre el cementerio.
Memoria y futuro
En las zonas libres del cementerio se planea crear un espacio de memoria democrática. Allí se instalará una escultura, una plaza para ceremonias y una fosa simbólica donde reposarán los restos hallados en enterramientos masivos. Este proyecto subraya el compromiso de la ciudad con la memoria histórica y el respeto por las diversas historias de sus habitantes.
Si no lo sabía, el Cementerio de Bilbao (Cementerio de Bilbao) es el más grande de la provincia de Bizkaia y uno de los más importantes del País Vasco. Aquí no solo se realizan entierros, también se forjan nuevas tradiciones de memoria, uniendo diferentes culturas y generaciones. La asociación Esku Hutsik fue la primera en la región en hablar abiertamente sobre la pérdida perinatal y ayudó a cambiar la manera en que la sociedad aborda este tema. Hoy, el Cementerio de Bilbao es ejemplo de cómo una ciudad puede cuidar de sus habitantes incluso después de su fallecimiento.











