
Los habitantes de Cataluña se han visto hoy nuevamente afectados por el caos en el transporte: la red ferroviaria Rodalies sigue operando con interrupciones tras el trágico incidente en Gelida. Para miles de pasajeros esto supone no solo pérdida de tiempo, sino también total incertidumbre a la hora de planificar sus desplazamientos. Las restricciones en la circulación de trenes y la obligación de cambiar a autobuses han impactado rutas clave de la región, afectando directamente la vida cotidiana y el trabajo de muchas personas.
Desde primera hora de la mañana la situación en las vías férreas distó de ser estable. Pese a los comunicados de representantes de Renfe sobre los trabajos para restablecer el horario habitual, nadie se atreve a dar plazos concretos para la normalización. El portavoz de la compañía, Antonio Carmona, comparó la situación actual con perder un partido de fútbol, asegurando que el equipo está dispuesto a luchar por una mejora, aunque por ahora el marcador no les es favorable.
Restricciones y cancelaciones
La mañana del jueves seguían vigentes limitaciones en diez tramos de la red ferroviaria, y en todo el sistema los trenes circulaban a velocidades reducidas. Esto provocó importantes retrasos y la necesidad de realizar transbordos a autobuses en varias rutas. El problema es especialmente notable en la línea R1, que conecta L’Hospitalet con Maçanet-Massanes pasando por localidades costeras. Aquí los trenes solo llegan hasta Blanes, y a partir de ahí los pasajeros tienen que continuar el trayecto en autobús. Entre L’Hospitalet y Mataró circulan cinco trenes por hora, mientras que entre Mataró y Blanes solo dos.
La línea R2, una de las más importantes de la región y que conecta Sant Vicenç de Calders con Maçanet-Massanes pasando por Barcelona, funciona formalmente sin interrupciones. Sin embargo, en el tramo sur (R2 Sur), que lleva a la estación de França (Estació de França), la frecuencia de trenes se reduce a dos por hora en cada dirección. Esto genera molestias adicionales para los residentes de las afueras y quienes viajan diariamente a trabajar a la capital catalana.
Rutas alternativas
En la línea R3, que une L’Hospitalet con Puigcerdà a través de Barcelona, Granollers, Vic y Ripoll, el servicio ferroviario está completamente suspendido. Los pasajeros solo disponen de autobuses, lo que incrementa notablemente el tiempo de viaje y reduce la comodidad.
En la línea R4, donde ocurrió la tragedia en Gelida, los trenes solo circulan en tramos concretos. Entre Sant Sadurní y Martorell Central hay servicio de autobuses, y desde Martorell hasta Terrassa Estació de Nord los trenes operan con normalidad. Luego, para llegar a Manresa, es necesario volver a tomar autobús. Este esquema obliga a los pasajeros a invertir más tiempo y enfrentar más incomodidades.
Transporte regional y de mercancías
Los problemas también han afectado a las rutas regionales. El tramo entre Manresa y Cervera es cubierto por autobuses, al igual que las rutas entre Reus y Riba Roja d’Ebre, Reus y Vinaixa, así como entre Reus y Plana Picamoixons. Esto significa que incluso quienes residen en zonas más apartadas no pueden contar con la conexión ferroviaria habitual.
El transporte de mercancías también se ha visto amenazado: la línea R8, normalmente utilizada por trenes de carga, permanece completamente cerrada. Esto podría afectar la logística y el abastecimiento de las empresas, lo que a largo plazo puede influir en la economía de la región.
Perspectivas y expectativas
Por el momento, los representantes de la compañía ferroviaria evitan hacer pronósticos concretos sobre los plazos para la plena recuperación del servicio. Las labores de reparación y restauración de la infraestructura continúan, pero los pasajeros deben armarse de paciencia. Las autoridades prometen hacer todo lo posible para regresar cuanto antes al ritmo habitual; sin embargo, la situación sigue siendo tensa.
En los últimos años, el sistema ferroviario de Cataluña se ha enfrentado en repetidas ocasiones a graves interrupciones. Por ejemplo, en la primavera de 2025, retrasos masivos y cancelaciones de trenes ya habían provocado el colapso del transporte, y las rutas alternativas en autobús no lograban absorber el flujo de pasajeros. Incidentes como estos ponen de relieve la vulnerabilidad de la infraestructura y la necesidad de modernización. Al recordar acontecimientos recientes, queda claro que incluso breves alteraciones en el funcionamiento de Rodalies generan amplia repercusión social y exigen una respuesta inmediata por parte de las autoridades.
Anteriormente analizamos en detalle cómo la crisis del transporte en Cataluña provocó la sobrecarga de las rutas de autobuses y múltiples retrasos. En el reportaje «Cataluña enfrenta un colapso de transporte: los autobuses no dan abasto» se explicaba por qué la situación se salió de control y qué medidas se tomaron para estabilizarla.











