
En los últimos años, las cárceles andaluzas han estado en el centro de atención debido a un notable aumento en la incautación de teléfonos móviles. Esta tendencia afecta directamente a la seguridad de los centros y al trabajo del personal, que se ve obligado a buscar nuevas soluciones para combatir el tráfico ilícito de dispositivos. Según informa El País, solo en los últimos cinco años se han requisado más de 13.000 teléfonos móviles en las prisiones españolas, y casi una quinta parte corresponde a tres centros penitenciarios de Andalucía.
Líderes en incautaciones
Las prisiones de Almería, Málaga y Albolote encabezan la lista de centros penitenciarios españoles con mayor número de teléfonos móviles requisados. En Almería se reportaron 756 casos, en Málaga 728 y en Albolote 647. Estas cifras superan ampliamente las de otras regiones, como las prisiones madrileñas de Valdemoro y Estremera, donde se incautaron 646 y 567 dispositivos respectivamente. Mientras tanto, en algunos centros, como Alcalá de Guadaira (Sevilla) y Menorca, no se registraron incautaciones de teléfonos móviles en el periodo analizado.
De acuerdo con El País, solo en 2025 se incautaron 2.466 teléfonos móviles en las cárceles españolas, lo que equivale a casi siete dispositivos al día. En siete centros se requisaron más de cien teléfonos móviles durante el año, con Almería nuevamente en primer lugar con 166 casos, seguida por Alicante (152), Córdoba (148), Málaga (150), Estremera (128), Albolote (116) y Asturias (115).
Causas y consecuencias
Los teléfonos móviles en las cárceles no son solo objetos prohibidos, sino una fuente de graves problemas. Su presencia facilita el desarrollo de esquemas ilegales, el chantaje y los conflictos entre internos. Según El Pais, la mayoría de los dispositivos incautados son modelos miniatura, fáciles de ocultar en el calzado o incluso dentro del cuerpo. Estos teléfonos pueden adquirirse por internet por poco más de 20 euros. Sin embargo, también aumenta el número de smartphones con acceso a internet, especialmente valorados entre los reclusos.
Las principales vías de entrada de teléfonos a las cárceles son a través de familiares durante las visitas o tras el regreso de los internos de permisos temporales. A veces, los aparatos se esconden entre objetos personales o incluso en tubos de pasta de dientes. Últimamente, se ha registrado un incremento en la entrega de teléfonos mediante drones, lo que complica el trabajo del personal y permite ingresar dispositivos más modernos.
Medidas de respuesta y desafíos
El personal penitenciario se ve obligado a realizar registros, inspecciones y controles de manera regular para detectar dispositivos prohibidos. No obstante, según advierte El Pais, tanto la dotación de trabajadores como los recursos técnicos a menudo no se ajustan a la magnitud del problema. Pese a los esfuerzos, miles de teléfonos llegan cada año a manos de los internos, lo que debilita el control de las comunicaciones y facilita la continuación de actividades delictivas desde dentro.
Desde 2008, varias cárceles en España han comenzado a instalar inhibidores de señal para bloquear la recepción de dispositivos móviles. Sin embargo, estos sistemas se han quedado obsoletos y no logran contrarrestar las tecnologías actuales de transmisión de datos. Como consecuencia, los internos siguen encontrando formas de sortear las restricciones y el personal se enfrenta a nuevos desafíos.
Sanciones y formación
El hallazgo de un teléfono móvil en posesión de un interno se considera una infracción grave y conlleva sanciones disciplinarias, que pueden ir desde la restricción de salidas al patio hasta el traslado a otro módulo. Estos incidentes se reflejan en el expediente personal y pueden afectar la obtención de permisos de salida u otros beneficios. El personal penitenciario asiste a cursos específicos sobre detección de objetos prohibidos, donde se presta especial atención a las nuevas formas de introducir tecnología.
En los últimos años, en España se han documentado varios casos en los que delincuentes conocidos utilizaron teléfonos móviles para coordinar acciones desde el exterior. Esto ha impulsado el endurecimiento de los controles y la incorporación de nuevas tecnologías, aunque el problema sigue vigente. En otros países europeos también se observa un aumento de intentos de introducir móviles en cárceles mediante drones y otros métodos innovadores. La seguridad y el control de las comunicaciones en los centros penitenciarios sigue siendo uno de los temas más debatidos entre expertos y autoridades.












