
La costa catalana se encuentra al borde de grandes cambios: las autoridades regionales han anunciado el inicio de una ambiciosa reforma que afectará a millones de residentes y turistas. El motivo son las crecientes amenazas climáticas, capaces de transformar el aspecto habitual de las zonas costeras e impactar en la economía, la infraestructura y el modo de vida. Las decisiones que se tomen en los próximos años definirán cómo será la costa de Cataluña a finales de siglo.
Nuevos desafíos
El plan impulsado por el gobierno catalán abarca 692 kilómetros de litoral, donde se concentra casi la mitad de la población regional. En verano, millones de turistas visitan esta zona, que aporta hasta el 75% de toda la infraestructura turística. Sin embargo, es aquí donde los efectos del cambio climático se sienten con mayor intensidad: erosión de las playas, daños en infraestructuras, riesgos para viviendas y negocios.
Las autoridades reconocen que no existen soluciones universales. Cada tramo de costa requerirá un enfoque individualizado. En algunos lugares será necesario desmontar estructuras de hormigón, como ya ha comenzado en Calafell. En otros, se restaurarán dunas y ecosistemas naturales para proteger las playas de los temporales. Habrá zonas donde se deberán adaptar puertos y paseos marítimos a las nuevas condiciones meteorológicas, e incluso en algunas áreas se contemplará el derribo de edificaciones en riesgo.
Plan de acción
En los próximos años se elaborará y pondrá en marcha un plan integral que unirá los esfuerzos de las autoridades regionales y municipales, las empresas y las organizaciones sociales. El proceso comenzará con un amplio debate y la definición de los objetivos, y para 2027 se prevé preparar el primer borrador del documento. La aprobación definitiva está programada para 2028.
En el marco de la reforma, la costa se dividirá en pequeñas zonas, para cada una de las cuales se definirán las medidas óptimas de protección y recuperación. Entre las herramientas previstas figuran la creación de rutas de adaptación, una guía para el uso del litoral, el desarrollo de infraestructuras verdes, así como la actualización del catálogo de playas y del esquema de accesos al mar. Se prestará especial atención a la reducción del tráfico automovilístico y al desarrollo del transporte público a lo largo de la costa.
Cinco escenarios para el futuro
Las autoridades contemplan varios escenarios de evolución. Uno de ellos prevé intervenir activamente en los procesos naturales con soluciones artificiales y, si es necesario, la demolición de edificaciones. Otro consiste en devolver la costa a un estado más natural, recuperando los paisajes originales. Una tercera opción es liberar áreas para que la naturaleza pueda regenerarse por sí sola. También se discute la idea de crear una costa ‘elástica’, que combine los intereses de la sociedad y el entorno, y un escenario en el que toda la actividad en la costa sea lo más ecológica y regenerativa posible.
Los principales objetivos son reducir los riesgos para las zonas costeras, restaurar los ecosistemas, equilibrar la actividad económica con la protección ambiental y mejorar la calidad de la gestión. Para ello, se desarrollarán 12 herramientas específicas que estarán disponibles para todas las partes interesadas.
Contexto y experiencia
En los últimos años, reformas similares se han puesto en marcha en otras regiones de España y Europa. Por ejemplo, en las costas de Valencia y Andalucía ya se están implementando proyectos para restaurar dunas y revisar la edificación en la franja litoral. En ciertos casos, las autoridades han tenido que reubicar a residentes de viviendas amenazadas por la erosión y las inundaciones. En otros, se han establecido nuevos estándares para la infraestructura turística con el fin de minimizar los daños causados por fenómenos meteorológicos extremos. Estas medidas suelen generar debate, pero resultan imprescindibles para conservar los paisajes costeros únicos y proteger la economía regional.












