
En Cataluña, la mañana del domingo comenzó con una suspensión total del servicio de trenes de cercanías. Por quinta vez en una semana, los residentes de la región se quedan sin acceso a los habituales trenes Rodalies. Las autoridades tomaron la decisión de interrumpir completamente el tráfico el día anterior, oficialmente por la imposibilidad de garantizar la seguridad de los pasajeros. Para cientos de miles de personas que dependen a diario del ferrocarril, esto ha supuesto un duro golpe: el ritmo habitual de vida se ha visto alterado y el sistema de transporte está al borde del colapso.
Ante la falta de mejoras, las autoridades catalanas ordenaron la cancelación de todos los trenes Rodalies y Media Distancia. No solo las lluvias recientes, sino también nuevos deslizamientos de tierra amenazan la infraestructura. A pesar de las garantías de las compañías ferroviarias sobre la seguridad, el gobierno regional prefirió no correr riesgos y realizará una inspección exhaustiva en 21 tramos peligrosos, de los cuales dos se consideran críticos.
Medidas de emergencia
Ante el caos en el transporte, los responsables movilizaron todos los recursos para organizar rutas alternativas. Se han puesto en circulación 170 autobuses adicionales para intentar compensar la ausencia de trenes. También se han reforzado otras líneas de transporte público y, temporalmente, se levantaron las restricciones de entrada a Barcelona para vehículos antiguos y contaminantes. Las autoridades prometen mantener informados a los ciudadanos y advertir con antelación sobre cualquier cambio, aunque por ahora nadie se atreve a prever cuándo se restablecerá el servicio ferroviario.
Paralelamente, los especialistas trabajan a contrarreloj para inspeccionar y reforzar los tramos más peligrosos de las vías. Según representantes del gobierno, solo la suspensión total del tráfico permite a los ingenieros operar sin poner en riesgo sus vidas y acelerar el proceso de reparación. Sin embargo, ni siquiera estas medidas garantizan que no vuelvan a repetirse nuevos desprendimientos: la naturaleza sigue sorprendiendo con incidentes desagradables.
Causas y consecuencias
Todo comenzó con una tragedia que sacudió a la región: la semana pasada, entre las estaciones Sant Sadurní d’Anoia y Gelida, un tren descarriló tras chocar con un muro que se había derrumbado sobre las vías. Una persona murió, otras 37 resultaron heridas, cinco de ellas de gravedad. La causa del accidente fueron las fuertes lluvias, que socavaron las estructuras de apoyo y provocaron el derrumbe. Tras este incidente, el nivel de alarma entre pasajeros y autoridades aumentó bruscamente, y la confianza en la infraestructura ferroviaria quedó severamente afectada.
El ministro de Transportes no lo oculta: el estado de las vías deja mucho que desear y el sistema ha sufrido durante años una falta crónica de inversiones. A pesar de que en los últimos años se destinaron fondos considerables a la modernización, las consecuencias de décadas de abandono se hacen evidentes ahora, cuando el temporal ha dejado al descubierto todos los puntos débiles.
La vida sin trenes
Para los residentes de Cataluña, la ausencia de Rodalies se ha convertido en una auténtica prueba. Diariamente, alrededor de 400 mil personas utilizaban estos trenes para ir al trabajo, estudiar o atender asuntos personales. Ahora tienen que buscar alternativas: algunos han optado por el autobús, otros se ven obligados a conducir y hay quienes directamente se quedan en casa. En las paradas y dentro de los autobuses hay aglomeraciones, colas, irritación y cansancio. El descontento crece en las redes sociales y muchos exigen a las autoridades medidas urgentes y contundentes.
Por ahora, se desconoce cuándo volverá la normalidad. Los funcionarios prometen restablecer el servicio lo antes posible, pero insisten en que la seguridad es lo más importante. Mientras tanto, los habitantes de la región siguen viviendo en una incertidumbre en materia de transporte, y cada nuevo día sin trenes solo aumenta la tensión.












