
Cataluña vuelve a perder un importante proyecto industrial. El plan para construir una planta de componentes para baterías en los terrenos de la antigua mina Vilafruns, cerca de Sallent, ha sido oficialmente cancelado. La inversión de 285 millones de euros, que pretendía revitalizar la región, ya no se llevará a cabo. La causa fue una inesperada cadena de acontecimientos que comenzó con una decisión del presidente de EEUU, Donald Trump, la cual afectó a la financiación de una planta similar en Misuri.
A principios de año, la empresa ICL, propietaria de la mina a través de su filial Iberpotash, anunció una alianza con la china Shenzhen Dynanonic. Juntas, planeaban construir una fábrica de cátodos de litio-ferrofosfato, un componente clave para las baterías de vehículos eléctricos. El proyecto fue declarado estratégico por el gobierno catalán, con el objetivo de agilizar todos los trámites burocráticos. Se esperaba que la mina de Vilafruns, clausurada en 2020, reabriera y proporcionara un impulso significativo a la economía local.
Sin embargo, en junio se supo que los planes habían fracasado. Las compañías confirmaron oficialmente la ruptura del acuerdo y la cancelación de la inversión. Actualmente, ICL y las autoridades buscan nuevos usos para el espacio, aunque de momento sin resultados concretos.
Motivos de la cancelación
Un factor clave fue la política de Estados Unidos respecto a la energía verde. El pilar central de la estrategia global de ICL era la construcción de una planta en St. Louis (Misuri). Allí debían producirse los componentes para las baterías, y el proyecto europeo en Cataluña formaba parte de esta cadena. Sin embargo, la administración Trump, siguiendo su línea de apoyo a la industria automovilística tradicional, bloqueó la financiación pública para la planta estadounidense.
Sin apoyo de Estados Unidos y con dificultades para obtener una subvención del Fondo de Innovación Europeo (ICL esperaba 140 millones de euros), el socio chino Dynanonic se retiró del proyecto. Esto supuso automáticamente la cancelación de la construcción de la planta en Vilafruns. La empresa anunció que continuará suministrando materias primas para la fabricación de baterías, pero no participará en el procesamiento posterior ni en la producción de componentes.
Consecuencias económicas
La cancelación del proyecto supuso un golpe duro para Cataluña. La región lleva tiempo intentando atraer inversiones al sector de vehículos eléctricos y baterías, para diversificar su economía y crear nuevos empleos. El cierre de la mina de Vilafruns en 2020 ya fue un acontecimiento doloroso para los habitantes de la zona, y ahora las esperanzas de reindustrialización vuelven a frustrarse.
La antigua mina —con una superficie de 100 mil metros cuadrados— sigue sin uso. Toda la producción de sal potásica y sal se trasladó a la vecina planta de Súria, también gestionada por Iberpotash. Por el momento, no se han encontrado nuevos inversores para el terreno.
Contexto del sector
El caso de Vilafruns no es aislado. En abril, la gran empresa química Basf también canceló la construcción de una planta de reciclaje de baterías en Tarragona, donde se preveía una inversión de 500 millones de euros. Las razones son similares: incertidumbre en la financiación y reglas cambiantes en el mercado europeo.
Paralelamente, en Montroig del Camp, la compañía coreana Lotte desarrolla un proyecto para producir ánodos para baterías, con una inversión de 400 millones de euros. Sin embargo, la tendencia general muestra que cada vez le cuesta más a Cataluña retener grandes proyectos vinculados a la electrificación del transporte.
El futuro de la región
Ante la cancelación de inversiones y los retrasos en la puesta en marcha de nuevas fábricas, crece la preocupación en la región. La Comisión Europea pospuso recientemente la fecha del veto a los vehículos de combustión interna, lo que disminuye aún más el interés de los inversores por instalar fábricas de baterías en España. Como resultado, Cataluña corre el riesgo de quedarse al margen de la transición global hacia el vehículo eléctrico.
Por ahora, el futuro de la planta en Vilafruns sigue siendo incierto. ICL y las autoridades locales siguen buscando proyectos alternativos, pero todavía no hay decisiones concretas. Residentes y expertos temen que, sin nuevas inversiones, la región pierda la oportunidad de un renacimiento económico.











