
En Cataluña vuelve a debatirse la importancia de la caza para la sociedad. El motivo es un nuevo brote de peste porcina africana, que ha obligado a las autoridades a solicitar ayuda a los cazadores. En una región donde la caza siempre ha sido un tema controvertido, los representantes de este colectivo insisten en que su labor no es solo un pasatiempo, sino una medida necesaria para proteger la agricultura y la salud animal.
Joaquín Zarzoso, presidente de la Federación de Cazadores de Cataluña, señala que a menudo se subestima su trabajo. Según él, los cazadores se ven obligados a asumir responsabilidades cuando los brotes de enfermedades amenazan las cosechas y la fauna. No obstante, afirma Zarzoso, la presión social y las críticas de los defensores de los animales solo complican la situación.
Presión social
En los últimos años, los cazadores se enfrentan a una creciente crítica. Activistas y ecologistas los acusan de excesiva crueldad y sostienen que el problema de la superpoblación de animales salvajes está exagerado. Algunas organizaciones, como Ecologistas en Acción, se oponen a la caza masiva de jabalíes, considerando que es una medida injustificada. Están convencidos de que no se están abordando las causas reales y que la eliminación masiva de animales no resolverá el problema.
Los propios cazadores denuncian ataques constantes e incluso actos de vandalismo: en los cotos de caza se ignoran las señales de advertencia y los vehículos de los cazadores suelen ser blanco de gamberradas. A pesar de ello, siguen desempeñando su labor, especialmente cuando se trata de salvar cosechas o evitar la propagación de enfermedades peligrosas entre los animales.
Desacuerdos políticos
El brote de peste porcina africana ha dado lugar a disputas políticas. Miembros de la oposición acusan a las autoridades regionales de inacción y de no ejercer suficiente control sobre la situación. Según algunos políticos, dejar de cazar activamente y reducir la presencia policial en las zonas rurales solo ha agravado el problema.
En respuesta a las críticas, el gobierno de Cataluña reconoció que la población de jabalíes realmente supera los límites permitidos. Las autoridades han pedido reforzar las medidas de control poblacional, incluida un mayor número de batidas de caza. Los cazadores recibieron esto como un reconocimiento largamente esperado de su importancia, pero insisten en que se necesita apoyo adicional, tanto económico como organizativo.
Dificultades económicas
La caza en Cataluña hace tiempo que dejó de ser solo un pasatiempo. Según representantes del sector, los gastos en equipamiento, servicios veterinarios y transporte corren por cuenta de los propios cazadores. Las subvenciones estatales, aunque este año han aumentado, no cubren todos los costes, especialmente en un contexto de epidemia.
En abril, las autoridades destinaron fondos adicionales para apoyar a los cazadores y fomentar el procesamiento de carne de animales silvestres. Por cada pieza capturada destinada a la venta, los cazadores reciben una pequeña compensación. Sin embargo, según señalan desde la Federación, la situación actual exige mucho más esfuerzo e inversión que en el pasado.
Retos para el sector
Las dificultades también se ven agravadas por problemas internos: la burocracia, la falta de jóvenes profesionales y normativas obsoletas obstaculizan el desarrollo del sector cinegético. El brote de peste solo ha agudizado estos problemas, poniendo a los cazadores en el centro de atención. Ahora se ven obligados a trabajar en un contexto de incertidumbre, sin saber cuánto durará la crisis ni qué otras medidas deberán adoptar.
La temporada de caza coincidió con la epidemia, lo que provocó nuevas restricciones. Las prohibiciones sobre determinados tipos de caza, implementadas para evitar la propagación de la enfermedad, amenazan con causar pérdidas importantes para todo el sector. Los cazadores temen que, sin el apoyo del Estado y la sociedad, les resultará difícil cumplir con las tareas asignadas.
Si no lo sabía, la Federació Catalana de Caça agrupa a miles de cazadores en toda la región y se encarga de defender sus intereses. La organización colabora activamente con las autoridades, participando en la elaboración de nuevas normativas y programas de apoyo. En los últimos años, la Federación se ha convertido en uno de los principales actores en los debates sobre ecología, biodiversidad y la regulación de la población de fauna silvestre en Cataluña.












