
Las intensas lluvias que azotaron la provincia de Granada volvieron a poner de manifiesto la fragilidad de la seguridad en los pequeños pueblos andaluces. Los efectos del temporal se sintieron especialmente en Iznalloz y Pinos Genil: cuatro personas se vieron obligadas a abandonar sus viviendas tras el derrumbe parcial de varios edificios. Estos hechos resaltan la importancia de responder a tiempo ante amenazas meteorológicas y reforzar la infraestructura en las regiones vulnerables a desastres naturales.
Por la tarde, en Iznalloz, un desprendimiento de tierra desplazó parte de la ladera y destruyó la cocina de una casa en la calle Granada. Dos vecinos quedaron atrapados en una situación de riesgo, pero fueron evacuados rápidamente por equipos de rescate y personal sanitario. La vivienda fue acordonada de inmediato para que los técnicos pudieran evaluar los daños y el peligro para las edificaciones colindantes. Las autoridades locales actuaron con rapidez para prevenir nuevas víctimas.
Ese mismo día, en Pinos Genil, la situación se desarrolló con igual dramatismo. Alrededor de las siete de la tarde, en la calle Abajo, dos casas fueron alcanzadas por rocas desprendidas de la montaña tras las persistentes lluvias. La policía ordenó la evacuación urgente de dos personas que residían en estos inmuebles. Los vecinos fueron trasladados fuera de la zona de peligro y las casas quedaron temporalmente inutilizables.
Respuesta de los servicios
Los servicios de emergencia trabajaron en condiciones de alto riesgo. Durante la noche, los rescatistas y el personal médico coordinaron sus acciones para evitar nuevos incidentes. En ambos casos, las viviendas fueron aisladas y se restringió el acceso hasta que se realizara una inspección técnica. Los ingenieros municipales comenzaron a evaluar el estado de los edificios y el entorno para definir los próximos pasos en la restauración y garantizar la seguridad.
Los vecinos de las casas cercanas siguieron atentamente el desarrollo de los acontecimientos, temiendo que se repitieran situaciones similares. Las autoridades recomendaron extremar la precaución y estar preparados para una posible evacuación en caso de que las condiciones meteorológicas empeoraran. La región mantiene un alto nivel de alerta debido a la inestabilidad del clima.
Consecuencias para la región
Desastres naturales de esta magnitud suponen una dura prueba para las pequeñas ciudades de Andalucía. La evacuación forzosa y la destrucción de viviendas no solo representan pérdidas materiales, sino también un fuerte impacto psicológico para los habitantes. Las autoridades insisten en la necesidad de invertir en el refuerzo de laderas y la modernización de los sistemas de drenaje para reducir los efectos de futuras tormentas.
En los últimos años, este tipo de incidentes se han vuelto cada vez más frecuentes, lo que se asocia al cambio climático y al aumento de fenómenos meteorológicos extremos. Las administraciones locales se ven obligadas a revisar sus planes de respuesta ante emergencias y reforzar el control sobre el estado de la infraestructura.
Contexto y comparaciones
Recordando acontecimientos recientes, se puede señalar que en 2025 se registraron deslizamientos de tierra y derrumbes de viviendas similares en las provincias de Málaga y Almería. En aquella ocasión también fueron evacuados decenas de residentes y la recuperación de la infraestructura llevó varios meses. En 2024, en Galicia, intensas lluvias provocaron numerosos deslizamientos de tierra, lo que llevó al aislamiento temporal de varias aldeas. Casos como estos resaltan la necesidad de una monitorización constante de las laderas y de informar a la población a tiempo sobre los riesgos. Las autoridades de diferentes regiones de España siguen buscando soluciones para aumentar la resiliencia ante catástrofes naturales, con el objetivo de minimizar los daños y proteger vidas humanas.












