
En Madrid crece una comunidad poco conocida fuera de la diáspora latinoamericana. Suma no es solo un chat de WhatsApp, sino toda una red de apoyo para quienes acaban de llegar de Colombia, Venezuela, México o Argentina y no quieren perder meses buscando vivienda, un abogado de confianza o simplemente un buen lugar para desayunar. Aquí no se habla de política ni se comparten memes: solo información concreta—dónde alquilar una oficina, cómo tramitar documentos, a qué contable acudir para no tener problemas fiscales. Las respuestas aparecen casi al instante y, para muchos recién llegados, este chat se convierte en un verdadero salvavidas.
Isabel Ramírez, una colombiana de 30 años, llegó a Madrid hace dos años. Trabaja como analista en una gran empresa alimentaria y reconoce que, sin el apoyo de Suma, su adaptación habría durado meses. «Temía equivocarme con los papeles, no sabía a quién recurrir y me sentía absolutamente sola», recuerda. Gracias a las recomendaciones del chat logró evitar las trampas más comunes, ahorrar tiempo y dinero. En Suma hay miles de historias como la suya.
Un club para los suyos
En Suma no aceptan a cualquiera. Es una red cerrada para quienes ya han alcanzado algo en su país de origen: financieros, abogados, empresarios, profesionales con experiencia y recursos. Aquí no prometen ayuda gratuita ni la solución de todos los problemas de los migrantes; es más bien un club de afinidades, donde se valora el profesionalismo y solo se comparte información verificada. Los organizadores lo dicen claramente: Suma no es caridad ni un programa estatal, sino una plataforma para quienes están dispuestos a invertir en su futuro.
Actualmente, el proyecto está en plena fase de crecimiento y busca inversores. Los creadores esperan recaudar 400 mil euros para expandir la red en Madrid, Barcelona, Londres, Lisboa, Milán, Roma y Berlín. En el futuro, Suma aspira a llegar a más ciudades europeas y formar un equipo de profesionales que acompañen a los nuevos miembros en cada etapa de su mudanza.
La membresía premium del club cuesta unos 10 euros al mes. Por esta cuota, los socios acceden a ofertas exclusivas de empresas como Bolt, Huspy, Fever, Healthy Poke y Home Burger. Pero, sobre todo, obtienen la posibilidad de encontrar contactos clave rápidamente y no perder semanas buscando por su cuenta.
El sistema de caminos cortos
En la práctica, Suma funciona como un filtro: solo acceden quienes están dispuestos a pagar por rapidez y calidad. Aquí no te ayudan a tramitar la residencia ni a conseguir la ciudadanía, pero sí te indican a qué abogado acudir, dónde alquilar un piso sin correr riesgos de fraude y cómo evitar sobrecostes en los servicios. Para muchos, es una oportunidad de evitar errores comunes y no caer en manos de los numerosos estafadores que abundan en el ámbito migratorio.
El corazón de la comunidad son los chats de WhatsApp, organizados por países y ciudades. Se respira un ambiente de cooperación: cada miembro comparte su experiencia, recomienda especialistas de confianza y advierte sobre posibles trampas. Con el tiempo, los organizadores planean realizar reuniones presenciales y pequeños eventos de networking, para que los recién llegados a Madrid no solo resuelvan cuestiones prácticas, sino también hagan nuevas amistades.
En Suma insisten en que su objetivo no es solucionar los problemas básicos, sino agilizar los procesos. Ayudan a ampliar la red de contactos, encontrar trabajo y evitar gastos innecesarios por desconocer las costumbres locales. Cada usuario aprovecha la red a su manera, pero la esencia es la misma: compartir conocimientos para no tropezar con los mismos errores.
Experiencia personal
La idea de Suma surgió de Martín Rodríguez, un colombiano de 33 años que llegó a Madrid en plena pandemia. La universidad le apoyó con los estudios, pero no con la vida diaria: encontrar vivienda fue una auténtica odisea y entender las leyes locales, aún más complicado. Al terminar sus estudios, Martín se enfrentó a una nueva ola de burocracia: visados, permisos, colas interminables y gestores poco fiables. Rápidamente comprendió que, sin apoyo, es muy fácil perder tiempo y dinero.
Viajando por distintos países, Martín notó que siempre se encontraba con los mismos problemas: dónde vivir, cómo contratar un seguro, en quién confiar. Así nació la idea de crear chats para intercambiar contactos y consejos. El experimento funcionó —y pronto se convirtió en una plataforma completa.
Al principio, Suma reunía solo a colombianos, pero poco a poco se sumaron venezolanos, mexicanos, peruanos y argentinos. Cada uno aportó su experiencia y sus contactos, fortaleciendo aún más la comunidad.
Encontrar a los tuyos
Diego Silva llegó a Madrid desde Ciudad de México en 2023. Tenía una carrera exitosa detrás y un futuro incierto por delante. Reconoce que lo más difícil no fue encontrar trabajo, sino construir una red de confianza. Sin conocidos, hasta las gestiones más simples se complicaban. “Sabes hacer de todo, pero no sabes por dónde empezar”, cuenta. Integrarse no es solo cuestión de papeles, sino de sentir que no eres un extraño.
Uriel Morales, originario de Guadalajara, vive en Madrid desde hace casi dos años y trabaja en el sector energético. Preparó todos los trámites con antelación, pero le costó mucho tiempo sentirse en su lugar. «Puedes vivir años en una ciudad y seguir sintiéndote un extraño», confiesa. Para él, lo más valioso es encontrar personas con quienes hablar de cualquier tema, desde escoger un notario hasta descubrir el mejor taco de la ciudad.
Para muchos integrantes de Suma, mudarse no es solo cambiar de país, sino también un largo camino para sentir que están en casa. La red no resuelve todos los problemas, pero hace el proceso más corto y menos doloroso. En un mundo donde uno de cada dos migrantes enfrenta soledad y desconfianza, comunidades así se convierten en un verdadero refugio.












