
En los últimos meses, la situación en los liceos públicos de Madrid se ha vuelto crítica: la falta de personal encargado de la limpieza y las tareas administrativas afecta directamente la calidad educativa y la seguridad de los alumnos. El problema no solo compromete la limpieza de las instalaciones, sino también la organización del proceso educativo, y genera malestar entre padres y docentes. Las medidas de emergencia que adoptan los centros reflejan una crisis sistémica en la gestión del personal.
Suciedad y agotamiento
En el IES Rayuela de Móstoles, los alumnos evitan usar los baños y prefieren no sentarse en los pasillos debido al estado de abandono de las instalaciones. Polvo, suciedad, huellas de obras y zonas sin limpiar desde el verano se han vuelto parte del día a día. El motivo es claro: solo hay un limpiador para todo el complejo. Lo mismo ocurre en otros centros educativos de la ciudad, donde cientos de estudiantes dependen de un número mínimo de empleados de servicios generales.
Docentes y sindicatos alertan: la escasez no se limita únicamente al personal de limpieza. Los liceos carecen de administradores, conserjes y otros empleados imprescindibles para el funcionamiento normal del centro. Los directores se ven obligados a recurrir a empresas privadas, pagando sus servicios con fondos propios, aunque por ley esos gastos deberían asumirlos las autoridades regionales.
Privatización forzada
Los directores de los liceos señalan que el problema persiste desde el año pasado y solo se agrava. A pesar de reiteradas solicitudes al Ministerio regional de Educación, la situación no mejora: muchas vacantes permanecen sin cubrir durante meses. Como resultado, los centros educativos se ven obligados a destinar parte de su presupuesto a servicios de limpieza urgentes, lo que debilita su estabilidad financiera e impide la realización de otros proyectos importantes.
En algunos casos, según cuentan los directores, es necesario contratar empresas privadas por un tiempo limitado para resolver las tareas más críticas. Sin embargo, estas medidas no solucionan el problema de fondo y solo crean una apariencia de orden. Al mismo tiempo, contratar personal temporal para funciones administrativas o de conserjería resulta prácticamente imposible: estas vacantes permanecen vacías durante semanas o incluso meses.
Trampas burocráticas
La responsabilidad de contratar personal en los liceos recae en las autoridades regionales, mientras que en las escuelas primarias corresponde a los municipios. Los procedimientos para sustituir y contratar nuevos empleados se prolongan debido a procesos burocráticos complejos y la realización simultánea de concursos para puestos permanentes. A menudo, un mismo candidato participa en varios concursos a la vez y, si elige una de las plazas, las demás quedan vacantes, lo que ocasiona demoras prolongadas.
Como resultado, incluso después de medio año de espera, en algunas instituciones faltan varios empleados a la vez. Esto provoca una sobrecarga para el personal restante, disminuye la calidad del servicio y aumenta la tensión dentro del equipo. Los profesores señalan que la falta de administradores afecta la gestión de documentos y la admisión de nuevos alumnos, mientras que los padres se enfrentan a restricciones de tiempo para resolver sus cuestiones.
Problemas a nivel local
En el liceo Miguel de Cervantes, también en Móstoles, por las tardes no hay conserje y los empleados diurnos se ven obligados a hacer horas extra. En uno de los edificios, la limpieza la realiza una empresa privada, en el otro — nadie: un empleado renunció y otro está de baja médica. Los espacios se ensucian y, tras la reparación del techo, aparecieron filtraciones y moho, por lo que algunos salones han sido clausurados.
Una situación similar ocurre en el liceo Europa: grietas en los techos, filtraciones, aulas cerradas, humedad y falta de limpieza. Los padres comentan que la administración está al tanto, pero solo puede contratar personal de limpieza de forma temporal por un mes — qué ocurrirá después, es incierto. En otros colegios donde el presupuesto lo permite, contratan empresas privadas por unas horas, pero esto no resuelve la falta de conserjes y administradores.
Consecuencias para la educación
Los directores de las escuelas reconocen que se encuentran en una situación complicada: recae sobre ellos toda la responsabilidad por lo que sucede, y resulta difícil explicar a los padres las razones de los constantes fallos. Los procesos de estabilización del personal que se han implementado en los últimos dos años solo han agravado la situación: muchas vacantes siguen sin cubrirse y la carga de trabajo para quienes permanecen aumenta.
Los sindicatos señalan que el problema afecta no solo a Móstoles, sino también a otras ciudades del sur de Madrid. En algunos centros educativos no solo se observa escasez de personal, sino también un deterioro en el estado de los edificios: ventanas rotas, sistemas de calefacción defectuosos, moho y humedad. A veces, las escuelas tienen que comprar calefactores con sus propios recursos para garantizar un mínimo de comodidad en las aulas.
Protestas y demandas
En enero, estudiantes y profesores del instituto Juan Bautista Monegro en Torrejón de Ardoz realizaron una huelga y concentración por la avería del sistema de calefacción, que no funciona desde septiembre. Las personas se ven obligadas a estudiar y trabajar con ropa de abrigo. Según los sindicatos, en 18 centros educativos de la región existen graves problemas de aislamiento térmico y condiciones técnicas de los edificios.
Docentes y padres consideran que el pago forzado de servicios privados con el presupuesto escolar es una forma encubierta de privatización de la educación. En un contexto donde el Estado no garantiza el nivel de mantenimiento necesario, los colegios se ven obligados a buscar soluciones por su cuenta, lo que genera desigualdad entre centros y gastos adicionales.
En los últimos años, en España se ha incrementado el número de casos en los que las instituciones públicas se enfrentan a la escasez de personal y se ven obligadas a recurrir a empresas privadas para resolver tareas básicas. Estas situaciones ya han ocurrido en hospitales, servicios municipales e incluso en el sector del transporte. En cada caso, esto supone una carga adicional para los presupuestos y genera un fuerte debate público. El mes pasado, las autoridades de Madrid ya manifestaron su rechazo a los cambios en la distribución de los fondos presupuestarios entre las autonomías, lo que también desató una ola de debates y procesos judiciales. Más detalles sobre los conflictos financieros de la región en el reportaje «Madrid prepara una batalla judicial por el nuevo modelo de financiación autonómica».












