
La cuestión de quién podrá votar en las próximas elecciones tras la amplia regularización de inmigrantes se ha convertido en uno de los temas más debatidos en la sociedad española. La decisión del gobierno de llevar a cabo un procedimiento extraordinario de regularización ha desatado una oleada de controversias: algunos consideran que es un intento de modificar el equilibrio electoral, otros lo ven como un paso hacia la justicia social. En medio de las disputas políticas, muchos no comprenden cómo cambiarán exactamente los derechos de los nuevos residentes y ciudadanos nacionalizados.
La situación se complica aún más por las diferencias significativas en las normas de voto para distintas categorías de extranjeros y descendientes de emigrantes españoles. Las preguntas sobre quién podrá participar y cuándo en las elecciones han cobrado especial relevancia ante los nuevos ciclos electorales. En 2026, España enfrenta una combinación única de innovaciones jurídicas y cambios demográficos que pueden influir en el panorama político del país.
Residentes regularizados
Para quienes obtuvieron la residencia legal tras la última oleada de regularización, las normas siguen siendo estrictas. Incluso tras recibir el permiso de residencia, estos extranjeros no pueden votar ni en las elecciones nacionales ni en las autonómicas. La única excepción son los comicios municipales, y aun así, sólo si se cumplen una serie de requisitos.
En primer lugar, es necesario haber residido en España al menos cinco años de forma ininterrumpida. En segundo lugar, el país de origen debe tener un acuerdo de reciprocidad en derechos electorales con España. En 2023, este listado incluía, por ejemplo, a Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, así como a Reino Unido, Noruega y Nueva Zelanda; sin embargo, para estos últimos existen restricciones adicionales. Además, es obligatorio estar empadronado y figurar en un censo electoral especial.
Así, incluso tras la regularización, el camino hacia la urna sigue siendo largo y complicado para la mayoría de migrantes. Muchos de ellos no podrán ejercer su derecho al voto en las próximas elecciones, a pesar de los cambios en la legislación.
Nuevos ciudadanos
La situación es muy distinta para quienes han obtenido la ciudadanía española. Tras finalizar el proceso de naturalización y en ausencia de restricciones judiciales, estos ciudadanos pueden votar en todos los niveles —desde municipales hasta nacionales—. Sin embargo, el camino hacia el pasaporte español rara vez es rápido.
En la mayoría de los casos se exige residir al menos diez años de forma legal en el país. Para los refugiados, este plazo se reduce a cinco años, y para los originarios de países de América Latina, Andorra, Filipinas, Guinea-Bissau, Portugal y para sefardíes, a dos años. Solo después de obtener la ciudadanía y alcanzar la mayoría de edad se adquiere el derecho a participar en elecciones de cualquier nivel.
Las próximas elecciones generales en España están previstas para 2027, y solo quienes completen el proceso de naturalización antes de esa fecha podrán participar en la votación. Para muchos migrantes regularizados, esto significa que su influencia política no se notará de inmediato.
Descendientes de exiliados
Un lugar especial ocupan los descendientes de emigrantes y exiliados españoles que han tenido oportunidad de obtener la ciudadanía gracias a la Ley de Memoria Democrática (Ley de Memoria Democrática). Esta iniciativa permitió a millones de personas, cuyos antepasados se vieron obligados a dejar España, restablecer su vínculo con la tierra de origen.
Tras adquirir la ciudadanía y registrarse en el censo especial (CERA), estos ciudadanos pueden votar en elecciones nacionales, incluso residiendo fuera de España. Sin embargo, no pueden participar en elecciones municipales, ya que no están vinculados a una ciudad o región española específica. Hasta finales de 2025 se presentaron más de un millón de solicitudes para obtener la ciudadanía por este programa, y aproximadamente la mitad de ellas ya han sido aprobadas.
El plazo para presentar solicitudes terminó en otoño de 2025 y ahora la atención se centra en cómo los nuevos ciudadanos influirán en la vida política del país. Su participación en las elecciones podría cambiar el equilibrio de poder, especialmente considerando que muchos de ellos tienen una visión propia sobre la política española.
Disputas políticas
La cuestión sobre el impacto de los nuevos ciudadanos en el resultado electoral se ha convertido en objeto de intensos debates. Representantes de algunos partidos sostienen que la legalización y naturalización masiva es un intento de aumentar artificialmente el número de votantes leales. En particular, estas acusaciones provienen de VOX y de una parte del Partido Popular (Partido Popular).
Sin embargo, expertos señalan que el proceso para obtener la ciudadanía y el derecho al voto sigue siendo complicado y prolongado. Según el profesor Carles Pemies, la mayoría de latinoamericanos en España tradicionalmente apoyan a partidos de izquierda, salvo los procedentes de Venezuela y Cuba. Además, ni las nuevas leyes ni los procedimientos acelerados modifican los principios básicos de la naturalización ni de la participación electoral.
El debate público continúa: algunos temen que los nuevos ciudadanos cambien el panorama político, mientras que otros creen que su influencia está sobrevalorada. En cualquier caso, la cuestión del derecho al voto para migrantes legalizados y descendientes de exiliados sigue siendo una de las más candentes en la España actual.












