
La disminución del número de tortugas en el Parque Nacional de Doñana ha encendido las alarmas en toda España. Las consecuencias de este fenómeno trascienden el ámbito ecológico: se trata de la pérdida de especies únicas, el cambio en el equilibrio de los ecosistemas acuáticos y la amenaza para otros habitantes de la región. Según informa El País, un estudio realizado por la Estación Biológica de Doñana reveló que, en los últimos 30 años, las poblaciones de dos especies autóctonas de tortugas se han reducido entre un 57% y un 74%. Es el descenso más abrupto registrado en toda la historia de las observaciones.
Los científicos advierten que la tortuga europea de estanque (Emys orbicularis) es la que enfrenta el mayor peligro. En tres décadas, su población se ha reducido casi tres cuartas partes y su área de distribución ha bajado más de un 78%. Actualmente, esta especie solo se encuentra en contados cuerpos de agua con períodos prolongados de llenado, principalmente en la zona peridunar. A principios de los noventa la situación era completamente distinta: las tortugas estaban distribuidas por todo el parque.
Los humedales desaparecen
La comparación de los datos sobre las poblaciones de tortugas, recopilados a principios de los 90 y en los últimos años, demuestra que la desaparición de más de la mitad de los humedales y el deterioro de los restantes han provocado una drástica caída de ejemplares. La causa es el agotamiento de los acuíferos subterráneos y la degradación de las lagunas, que dependen del estado del manto acuífero. Incluso las lluvias abundantes de los últimos meses no han logrado recuperar el nivel de agua: en algunas áreas, las aguas subterráneas permanecen a decenas de metros por debajo de la superficie.
Los científicos han prestado especial atención a la laguna Charco del Toro, que antes se consideraba uno de los principales refugios para especies raras. A pesar de las intensas lluvias, este humedal sigue completamente seco. Las fotografías publicadas por Estación Biológica de Doñana ilustran claramente la situación catastrófica.
Consecuencias para el ecosistema
La desaparición de los humedales afecta no solo a las tortugas. Según El Pais, el 59% de las lagunas del parque ya han desaparecido y más del 80% de las restantes han reducido su superficie o empeorado la calidad del agua. Esto conlleva la pérdida de hábitats para numerosas especies, incluidas aves acuáticas, anfibios y plantas raras. La tortuga de estanque europea, que antes tenía en Doñana la mayor y más estable población de la península ibérica, ahora está al borde de la desaparición. De acuerdo con los criterios internacionales, su estatus es casi de “peligro crítico”.
La otra especie local de tortuga, Mauremys leprosa, ha mostrado mayor resistencia a los cambios ambientales, pero su población también ha disminuido un 57%. La presencia de este reptil se ha reducido en un 27%. Incluso durante los años de fuertes sequías en los 90, ambas especies de tortugas contaban con poblaciones mucho mayores que las actuales. Para reproducirse y sobrevivir necesitan humedales permanentes o de larga duración, por lo que la reducción del periodo en el que las lagunas permanecen llenas disminuye drásticamente las posibilidades de supervivencia tanto de adultos como de juveniles.
Amenazas y nuevos retos
En 2023, cuando se secó el último humedal permanente del parque, los investigadores hallaron decenas de ejemplares adultos muertos de la tortuga Mauremys leprosa. El agua en las lagunas restantes se volvió más salina y alcalina, lo que ya desplazó a la tortuga europea de estanque de su principal refugio: la laguna de Santa Olalla (Santa Olalla). Los científicos subrayan que preservar los humedales con largos períodos de inundación es crucial no solo para las tortugas, sino también para otras especies raras dependientes del agua.
La situación se agrava porque la agricultura intensiva y la extracción de agua para resorts como Matalascañas siguen drenando los acuíferos subterráneos. Incluso bajo condiciones climáticas favorables, restablecer el equilibrio hídrico exige tiempo y un enfoque integral. Sin medidas urgentes, la desaparición de las tortugas en Doñana podría convertirse en un proceso irreversible.
En los últimos años, España ya ha enfrentado crisis ecológicas similares. Por ejemplo, en 2024, varias lagunas de la región de Valencia se secaron masivamente, provocando la muerte de poblaciones de anfibios y aves acuáticas. En Andalucía, en 2025, se registró un drástico descenso en el número de nutrias debido a la contaminación de los ríos y la desaparición de refugios. Estos hechos demuestran que la degradación de los ecosistemas acuáticos no es un problema local, sino un desafío nacional que requiere atención y acción en todos los niveles.












