
Con la llegada del otoño, los paisajes de montaña se transforman y se visten de tonos cálidos. Esta estación convierte el norte del país en un auténtico paraíso para los amantes de la naturaleza y las vistas espectaculares. Lejos del bullicio de la ciudad, se encuentra uno de los senderos de hiking más impresionantes, que conduce al corazón de una zona protegida.
Aigüestortes i Estany de Sant Maurici es un lugar verdaderamente singular. Es el único parque de este tipo en Cataluña y uno de los catorce a nivel nacional. Fundado en 1955, se extiende por más de 40.000 hectáreas e incluye tierras de varias comarcas: Alta Ribagorça, Pallars Sobirà y Pallars Jussà. Su mayor tesoro son más de doscientos lagos de origen glaciar, cuyas aguas cristalinas reflejan los majestuosos picos de las montañas. A su alrededor crecen densos bosques de abetos, pino negro y hayas, que en esta época del año crean una paleta única de tonos ámbar y ocre.
La aventura comienza en el aparcamiento de Prat de Pierró, situado a pocos minutos en coche de la encantadora aldea pirenaica de Espot. Desde aquí parte un sendero bien señalizado conocido como “Ruta de l’Isard” (Camino del rebeco), que invita a los excursionistas a adentrarse en un espeso bosque donde el aire se impregna de aromas a pino y tierra húmeda. Pasarelas de madera especialmente instaladas facilitan la marcha junto al cauce del río Escrita, cruzándolo por pintorescos puentes. Poco a poco, el camino se une con la ruta principal GR-11, y el espesor del bosque da paso a prados alpinos con vistas panorámicas a las cumbres más altas. A mitad de trayecto, se encuentra la diminuta ermita de Sant Maurici, el lugar perfecto para una breve pausa. Apenas diez minutos después aparece ante los ojos la joya principal del parque: el lago de Sant Maurici, coronado por dos icónicas formaciones rocosas conocidas como “Els Encantats” (Los Encantados). Desde esta laguna, un sendero con ligera pendiente prosigue hasta el lago de Ratera y su famosa cascada, donde el agua se precipita con fuerza sobre las rocas.
Esta región alberga más de doscientas especies de vertebrados. Aquí es posible avistar rebecos pirenaicos, marmotas, jabalíes o corzos. En el cielo planean quebrantahuesos y águilas reales. En los prados alpinos crecen plantas adaptadas a las duras condiciones, como la genciana o la saxífraga. El recorrido de ida y vuelta es de unos cuatro kilómetros y se suele completar en aproximadamente una hora y cuarto, aunque pocos logran hacer el trayecto en ese tiempo. La belleza de los paisajes invita a detenerse a cada paso para tomar fotos o simplemente disfrutar del silencio. Para la caminata, se recomienda llevar calzado cómodo y ropa de abrigo, ya que el clima de montaña puede cambiar rápidamente. También es aconsejable llevar algo de comida y agua. Tras el paseo, merece la pena visitar los pueblos de Espot o Esterri d’Àneu para descubrir su auténtico ambiente. La recompensa final es la vista desde el mirador, donde el reflejo de las montañas en el agua tranquila termina por convencer de por qué Aigüestortes es justamente considerado uno de los rincones más hermosos de Cataluña.












