
En el Senado de España se ha desatado un auténtico drama en torno al exsecretario de Organización del Partido Socialista, Santos Cerdán. Su comparecencia por el caso Koldo se ha convertido en uno de los acontecimientos más comentados de la semana. Frente a grabaciones de audio, contratos e informes policiales, Cerdán mostró total incomprensión ante las acusaciones que se le presentaron. Incluso cuando le exhibieron documentos firmados por él y fotografías, no reconoció estar implicado en los hechos.
Durante las audiencias, Cerdán dio la impresión de alguien que escucha por primera vez sobre sus propias acciones. Sus respuestas a las preguntas de los senadores y representantes judiciales fueron evasivas e incluso, en ocasiones, francamente absurdas. Alegó no entender por qué había sido citado e insistió en que las preguntas debían dirigirse a otra persona. Esta actitud desconcertó a los presentes y dio pie a comentarios irónicos en la prensa.
Identidad perdida
Los periodistas compararon el comportamiento de Cerdán con los personajes de las obras de Oliver Sacks, donde las personas pierden la conexión con su propia identidad. Esta vez, según los observadores, el exsecretario del PSOE no se reconoció ni en los audios, ni en los documentos, ni en los titulares de los periódicos. Sus intentos por distanciarse de las acusaciones parecían una peculiar reacción defensiva, rozando la negación de la realidad.
Especial atención ha despertado la estrategia de defensa de Serdán. Insistió en que todas las acusaciones se basan exclusivamente en grabaciones de audio, que según él son falsificaciones. Sin embargo, no presentó pruebas convincentes de su inocencia. En un momento dado, sus declaraciones adquirieron un tono casi grotesco: habló de una supuesta “conspiración estatal profunda” que, según él, estaría detrás de las acusaciones contra él.
Papel en el partido
Cuando Serdán admitía su implicación en determinados episodios, trataba de presentarse como una figura clave en los procesos políticos. Sostenía que gracias a sus gestiones se había logrado mantener el gobierno de coalición y alcanzar acuerdos importantes con otras formaciones. Sin embargo, analistas señalaron que su papel se parecía más al de un ejecutor de encargos que al de un arquitecto de decisiones políticas.
Esta imagen de Serdán, no como estratega sino como un “soldado” que cumple órdenes, explica por qué el partido ahora intenta distanciarse de él. Su exposición pública se ha vuelto incómoda para la dirección del PSOE y muchos prefieren evitar vínculos con alguien que podría convertirse en fuente de nuevas polémicas.
Silencio en el Senado
Durante las audiencias, llamó la atención la contención de los representantes del partido socialista. El senador encargado de interrogar a Serdán prefirió guardar silencio, lo que pareció un intento de evitar complicaciones innecesarias. En los pasillos se comentaba que ahora Serdán es visto como una “bomba de relojería” y nadie quiere estar cerca en el momento de una posible explosión.
Toda esta historia se ha convertido en un claro ejemplo de cómo las figuras políticas intentan eludir responsabilidades, incluso cuando las pruebas parecen irrefutables. El drama en el Senado en torno a Serdán y el caso Koldo seguirá siendo tema de discusión en la sociedad española durante mucho tiempo.












