
El historiador británico Paul Preston, quien ha dedicado décadas al estudio de la historia española del siglo XX, vuelve a centrarse en la figura de Francisco Franco. Aunque confiesa sentirse agotado por el tema, considera imprescindible desmontar los mitos arraigados sobre el dictador y su época. Preston señala que, durante mucho tiempo, el mundo anglosajón mantuvo una imagen positiva de Franco, motivada en gran parte por el sentimiento anticomunista y el apoyo de líderes occidentales. Además, el papel de Reino Unido en el éxito del golpe militar suele permanecer en la sombra, aunque fue precisamente la diplomacia británica la que contribuyó al debilitamiento de los republicanos.
Contrario a la creencia popular, Franco no destacaba por su capacidad militar. Su estrategia consistió en una lenta y brutal conquista del territorio, acompañada de represalias masivas contra los partidarios de la República. Según Preston, los métodos de Franco fueron tomados de las guerras coloniales en África, donde mostró extrema crueldad hacia la población local. Si se compara con otros comandantes destacados de la época, como Rommel o Montgomery, Franco resulta claramente mediocre.
Corrupción y manipulación: los cimientos del régimen
El régimen instaurado por Franco se basó en el saqueo sistemático del país y el enriquecimiento personal. Preston destaca que el mito de la desinteresada entrega del dictador no resiste el análisis: Franco y su familia incrementaron notablemente su fortuna gracias al poder. Una pieza clave para mantener el control fue el lavado de cerebro masivo: desde 1939, en España se impuso una estricta censura y el sistema educativo se reescribió para servir al régimen. La imagen de “salvador de la nación” fue construida deliberadamente para ocultar los verdaderos motivos y métodos de gobierno.
A pesar de sus limitadas capacidades intelectuales, Franco tenía una astucia sorprendente. Supo rodearse de fieles funcionarios e ideólogos que le ayudaron a consolidar un sistema de poder sólido. La influencia de Franco se hacía sentir incluso más allá de España: sus maniobras diplomáticas contribuyeron a que Italia se involucrara en la guerra civil del lado de los sublevados, un error fatal para Mussolini.
El franquismo y sus diferencias con el fascismo clásico
Preston señala que el franquismo se distinguía del fascismo italiano. Aunque ambos regímenes eran autoritarios, Franco carecía de muchos rasgos propios de los estados fascistas clásicos. Sin embargo, el grado de violencia en España fue estremecedor: según el historiador, la proporción de ciudadanos asesinados durante la dictadura superó las cifras de la Alemania nazi (excluyendo el Holocausto).
La permanencia en el poder de Franco fue facilitada por la situación internacional. Durante la Guerra Fría, Occidente lo veía como un aliado estratégico, lo que permitió al dictador adaptar su régimen y evitar el aislamiento. El respaldo externo fue un factor clave de su prolongado mandato.
Antisemitismo y sucesión del poder
Otra faceta oscura de Franco fue su antisemitismo. Pese a sus intentos de presentarse como protector de los judíos, sus escritos personales revelan una hostilidad profunda hacia ellos. La cuestión de la sucesión tampoco fue sencilla: el futuro rey Juan Carlos se encontraba en una posición difícil, prácticamente como rehén del régimen. Franco lo veía como continuador de su política, aunque nunca llegó a confiar plenamente en él.
Incluso tras la muerte del dictador, el entorno de Juan Carlos mantenía un tabú sobre la crítica a Franco. Esto reflejaba la compleja relación entre la monarquía y la herencia franquista, que sigue generando controversias en la sociedad española.












