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El Teatro Real se transforma en carnaval: así se vive la Lotería de Navidad en Madrid

Cientos de disfraces, la espera de la suerte y la magia de San Ildefonso: una fiesta para todos

Cada año, Madrid acoge un espectáculo singular: el sorteo de la Lotería de Navidad. El Teatro Real se llena de disfraces coloridos y una atmósfera cargada de esperanza. El ambiente festivo contagia a todos los presentes.

Cada diciembre, el Teatro Real de Madrid deja de lado por un día la ópera clásica para convertirse en el epicentro de la alegría popular. Desde primera hora de la mañana, cientos de personas llegan aquí para formar parte del evento más esperado del invierno: el sorteo de la Lotería de Navidad. A las nueve, la sala ya está llena: algunos llegan disfrazados de obispos, otros de superhéroes o incluso de billetes de lotería. En sus rostros se refleja el cansancio tras pasar la noche al frío, pero en sus ojos brilla la ilusión. Muchos pasan varios días en la cola para conseguir los mejores asientos y no perderse ni un minuto de esta fiesta de la esperanza.

En la sala se respira un ambiente especial: pelucas de colores, gorros de Papá Noel, cuernos de reno e incluso cadenas doradas; todos buscan destacar. Entre los asistentes habituales está Juan López, quien lleva catorce años acudiendo vestido de obispo color burdeos. Junto a su amigo, disfrazado de Papa, se turnan en la cola para no perderse ningún instante. Para ellos, lo más importante no es solo la posibilidad de ganar, sino encontrarse con personas afines, compartir bromas y animarse mutuamente mientras esperan el milagro.

La fiesta de los disfraces

En este día, el Teatro Real se transforma en un auténtico escenario de teatro callejero. Aquí se puede encontrar a todo tipo de personajes: desde Goku con una enorme cadena hasta los clásicos chulapos madrileños, e incluso personas disfrazadas de cerdos o presos. Cada año surgen nuevos protagonistas, mientras los periodistas recorren la sala buscando a las figuras más llamativas para entrevistar. La seguridad vigila atentamente el orden, pero sin interferir en la diversión: lo principal es que nadie interrumpa el desarrollo del sorteo.

La atención especial se centra en los niños de la escuela de San Ildefonso (San Ildefonso), quienes entonan la tradicional canción del sorteo y anuncian los números y cuantías de los premios. Sus voces, sobre el murmullo constante del auditorio, crean una atmósfera única. Muchos asistentes, cansados tras pasar la noche en la calle, acompañan el canto o incluso se quedan dormidos con la monótona enumeración de cifras, pero cada vez que sale un gran premio, la sala estalla en aplausos y gritos de alegría.

La esperanza de la suerte

Entre quienes decidieron probar suerte por primera vez está Kike, un madrileño de origen peruano. Este año eligió disfrazarse de Goku, aunque admite que la cadena dorada solo es utilería. Después de pasar la noche en el frío, no pierde el optimismo y ya hace planes por si gana: invertir el dinero en vivienda. Para muchos participantes de la lotería, esto no es solo una diversión, sino una verdadera oportunidad de cambiar sus vidas.

En la sala también se pueden ver auténticos veteranos del sorteo. Por ejemplo, José Toro, quien cada año aparece caracterizado como Don Quijote. Esta vez se transformó en el «Don Quijote Man» — un superhéroe dispuesto a enfrentarse a la hipoteca y a las dificultades cotidianas. Junto a sus amigos médicos, viene desde Murcia para no perderse ningún sorteo. Para ellos, participar no solo es cuestión de emoción, sino también una forma de apoyarse mutuamente, desconectarse de la rutina diaria y sentirse parte de una gran celebración.

Momentos de triunfo

Cuando se anuncia un nuevo premio, la sala estalla en revuelo. Los periodistas corren hacia los afortunados para ser los primeros en conocer los detalles. A veces, la alegría resulta ser prematura: no todos los premios son auténticos, pero esto no afecta el ambiente festivo. Uno de los momentos destacados fue la victoria de un hombre de Zaragoza, que obtuvo el quinto premio con un décimo comprado en Alcañiz. De inmediato fue rodeado por micrófonos y cámaras, mientras la sala aplaudía al nuevo héroe del día.

La culminación llega cuando los niños de San Ildefonso anuncian el premio mayor — «El Gordo». Esta vez, la suerte no sonrió al Teatro Real, pero nadie se desanima: para la mayoría de los participantes, lo más importante no es ganar, sino simplemente formar parte de esta celebración única. Cada uno se lleva recuerdos, fotos y la esperanza de volver al año siguiente para probar suerte de nuevo y sumergirse en el ambiente festivo que lo envuelve todo.

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