
Momento decisivo en Castilla y León: las elecciones autonómicas se celebrarán el 15 de marzo de 2026. Alfonso Fernández Mañueco, actual presidente del gobierno regional, ha apurado al máximo su mandato. Ahora, agotados los plazos, se ve obligado a disolver el parlamento y dar inicio a una nueva contienda electoral. Esta decisión culmina meses de rumores y especulaciones políticas, en un contexto en el que la fecha de las elecciones ha sido objeto de intensos debates internos en los partidos y entre los analistas.
La región, donde el Partido Popular (Partido Popular, PP) gobierna desde 1987, vuelve a situarse en el centro de la atención nacional. Castilla y León será la tercera comunidad en celebrar elecciones dentro del actual ciclo electoral. Antes lo hicieron Extremadura y Aragón, y el maratón lo cerrará Andalucía, salvo cambios inesperados.
Contexto político
Mañueco llega a estos comicios con un panorama complejo. En sus dos últimos mandatos no logró la mayoría absoluta en las Cortes. En 2019 tuvo que pactar una coalición con Ciudadanos, y en 2022, con el partido ultraderechista Vox. Sin embargo, la alianza con Vox fue efímera: en 2024, el partido de Santiago Abascal rompió el acuerdo, dejando al PP solo y sin apoyo parlamentario.
Las discrepancias internas en el partido y los constantes rumores sobre posibles fechas de elecciones solo aumentaban la tensión. En un momento, el 1 de marzo se perfilaba como favorito, pero finalmente se eligió el 15 de marzo, un día que, según muchos, podría garantizar una mayor participación gracias al buen tiempo. Sin embargo, ni siquiera este factor asegura el éxito de ninguna de las partes.
Coaliciones y disputas
A lo largo de toda su carrera política, Mañueco no ha logrado reunir el apoyo suficiente para gobernar la región en solitario. Esta vez, la situación parece aún más tensa: para alcanzar la mayoría se requieren 42 escaños, algo prácticamente inalcanzable para cualquier partido. Incluso miembros del PP reconocen que será imposible prescindir de aliados, y Vox vuelve a aparecer como posible socio pese a la reciente ruptura.
La ruptura con Ciudadanos a finales de 2021 marcó un punto de inflexión. Entonces, Mañueco intentó reforzar su posición, confiando en una gestión en solitario, pero terminó recurriendo a la ultraderecha. La coalición con Vox fue la primera de este tipo, no solo para la región, sino también para toda Europa. Vox obtuvo cargos clave: la presidencia del parlamento, así como el control de los departamentos de cultura, industria y agricultura. La vicepresidencia recayó en el polémico Juan García-Gallardo, una figura que ha generado numerosas controversias.
Consecuencias de la ruptura
En el verano de 2024 la situación dio un giro drástico: por orden de la dirección nacional, Vox rompió todos los acuerdos regionales con el PP, dejando a Mañueco sin mayoría. En respuesta, despidió a todos los consejeros de Vox salvo al titular de Cultura, Gonzalo Santonja, quien permaneció en el cargo como independiente. Esta medida se convirtió en símbolo de la inestabilidad política y acrecentó la sensación de incertidumbre en la región.
Dentro del PP y entre la oposición predomina el escepticismo sobre la posibilidad de alcanzar la mayoría absoluta. Incluso los pronósticos más optimistas no auguran una victoria fácil. La pregunta en el ambiente es clara: ¿logrará Mañueco mantenerse en el poder o la región verá por primera vez en décadas un cambio de rumbo político?
La incógnita electoral
El anuncio de la fecha electoral puso el punto final a un largo drama político. Meses de rumores, filtraciones y declaraciones contradictorias terminaron con la confirmación oficial: el 15 de marzo los ciudadanos de Castilla y León acudirán a las urnas. Esta vez está en juego no solo el futuro de la región, sino también la reputación del propio Mañueco, que arriesga pasar a la historia como un líder incapaz de mantenerse en el poder sin el apoyo de sus aliados más radicales.
Por delante se avecina una campaña intensa, donde cada voto puede ser decisivo. Los actores políticos se preparan para una lucha encarnizada y los votantes para una elección que definirá el futuro de la región en los próximos años. La incógnita sobre quién saldrá vencedor de esta contienda sigue abierta. Lo único cierto es que Castilla y León en marzo de 2026 será el escenario de una de las batallas políticas más intrigantes de España.












