
En pleno corazón del valle de Baztán, al pie de los Pirineos, se esconde un pequeño pueblo que en otoño parece renacer. Elizondo, centro administrativo y cultural de la región, se convierte cada octubre en un punto de encuentro para quienes buscan algo más que hermosos paisajes. Cada rincón aquí respira historia y su atmósfera evoca épocas pasadas, cuando las calles eran frecuentadas por familias ilustres y emprendedores provenientes de América.
La ciudad impresiona por su legado arquitectónico: a lo largo de las calles principales se alinean casonas con escudos, robustas fachadas de piedra y balcones de madera que han sido testigos de distintas épocas. Entre ellas destaca el palacio Arizkunenea, que perteneció a condes y gobernadores y ahora es un centro cultural para vecinos y visitantes.
A pesar de su aire aristocrático, Elizondo no ha perdido el vínculo con las tradiciones populares. En la Edad Media aquí se tomaban decisiones importantes en asambleas vecinales —batzarre—, y ese espíritu de unidad aún se siente en la plaza de los Fueros y en la iglesia de Santiago, que fue desmontada piedra a piedra y reconstruida tras intensos debates.
Pero no solo la historia hace especial a Elizondo. En otoño, los bosques de los alrededores se tiñen de colores vivos y el río Baztán divide el pueblo en dos, creando paisajes pintorescos junto al puente de Muniartea y la presa de Txokoto. Estos lugares parecen sacados de una postal, por lo que no es de extrañar que atraigan a fotógrafos y artistas.
En octubre, el ambiente aquí es especialmente animado: se celebran mercados de productos locales, fiestas populares y competiciones de pelota vasca. En los últimos años, Elizondo también se ha convertido en un referente literario gracias a la trilogía de Dolores Redondo, cuya trama se desarrolla precisamente en estos parajes. Ahora, no solo llegan amantes de la naturaleza, sino también seguidores de las novelas de misterio.
Entre los lugares de interés destaca la casa Puriosenea, una de las más antiguas de la localidad. Actualmente, alberga un museo etnográfico donde se puede conocer la vida, los oficios y las celebraciones de este singular rincón de Navarra.












