
En la pequeña localidad de Arcenillas, en la provincia de Zamora, las conversaciones sobre pintura antigua y misteriosos robos forman parte de la vida cotidiana desde hace mucho tiempo. Aquí, entre sus 450 habitantes, todavía se recuerda la noche del 22 al 23 de noviembre de 1993, cuando cuatro retablos únicos desaparecieron de la iglesia local. Estas obras de arte gótico, creadas a finales del siglo XV, eran el orgullo del pueblo y objeto de deseo para coleccionistas de todo el mundo.
Han pasado más de treinta años desde entonces, pero no hay ni rastro de las obras robadas. Los habitantes mencionan nombres de famosos ladrones, incluido el legendario Erik el Belga (Erik el Belga), así como diversas teorías sobre el destino de las piezas desaparecidas. Algunos creen que los retablos están escondidos en algún lugar seguro; otros temen que hayan sido destruidos para borrar cualquier pista del delito.
En el interior del templo aún se conservan 11 piezas originales y 4 copias de las obras perdidas. Se atribuyen a Fernando Gallego, un maestro cuyas creaciones se consideran algunas de las mejores muestras del arte gótico español. Las escenas de la vida de Cristo, pintadas en estas tablas, decoraban el altar y las paredes laterales, impresionando a los visitantes. Ahora, sin embargo, en algunos lugares solo quedan copias, y las reliquias originales parecen haberse desvanecido en el tiempo.
La historia de estos retablos se remonta al siglo XV, cuando fueron creados para la catedral de Zamora. Más tarde, en el siglo XVIII, debido a los cambios en los gustos artísticos, fueron trasladados a Arcenillas. A lo largo de los siglos, parte de la colección se perdió, pero la mayor parte llegó hasta el siglo XX. Los habitantes locales siempre han sentido un apego especial por estas obras, negándose a venderlas incluso en tiempos difíciles.
Tras el robo de 1993, la búsqueda no cesó. Interpol y la policía nacional fueron notificadas, pero ninguna de las hipótesis dio resultado. Algunos expertos opinan que, debido a la fama de los retablos, era imposible venderlos en el mercado negro, por lo que los delincuentes podrían haberse deshecho de ellos. Otros no pierden la esperanza de que algún día reaparezcan en una colección privada o en un museo.
Con los años, algunas tablas de este conjunto han sido halladas en museos de Zamora y Asturias, así como en manos privadas. Sin embargo, las cuatro obras robadas nunca fueron recuperadas. Los vecinos aún recuerdan aquella noche con inquietud y tristeza, pero mantienen la esperanza de que algún día su patrimonio cultural regrese a casa.












