
En noviembre de 2025 comenzará en Castellón uno de los juicios más mediáticos de los últimos años. En el banquillo de los acusados estarán seis personas, acusadas de participar en una secta que operaba en la aislada masía La Chaparra (Vistabella) y de cometer una serie de graves delitos sexuales, entre ellos contra menores de edad. La Fiscalía solicita para ellos largas penas de prisión —de 16 a 76 años para cada uno— y la suma total de las condenas supera los trescientos años.
Las vistas judiciales se extenderán casi todo noviembre: se han programado 13 sesiones para interrogar a más de medio centenar de testigos y analizar numerosos informes periciales. Esta decisión se tomó tras constatar que los cuatro días previstos inicialmente eran claramente insuficientes para un caso de tal magnitud. En el centro de la investigación está la actividad de un grupo durante años liderado por el llamado «tío Toni», fallecido en prisión en 2022.
La secta bajo el pretexto de prácticas espirituales
La historia comenzó en los años 90, cuando en Castellón surgió una pequeña comunidad religiosa. Con el tiempo, se trasladó a Vistabella, donde en una amplia masía a las afueras del pueblo se formó un grupo cerrado. Internamente regían estrictas normas y el líder ejercía un control absoluto. Según la investigación, él organizaba rituales que presentaba como terapéuticos, pero en realidad eran prácticas sexuales, incluso con menores. Algunas mujeres de su círculo cercano le ayudaban, llevando a menores a su habitación, mientras que el resto de los miembros no solo no intervenía, sino que facilitaba lo que ocurría.
Desde fuera, la vida en la masía parecía normal: los adultos trabajaban, los niños estudiaban y las compras se hacían en tiendas locales. Sin embargo, puertas adentro imperaba una disciplina estricta y cualquier intento de abandonar la comunidad era mal visto. Los jóvenes que crecían en la secta se acostumbraban desde pequeños a las reglas inusuales, percibían al líder como una figura paterna y cumplían sus exigencias como algo natural.
Explotación y control sobre la vida
La Fiscalía señala que todos los integrantes del grupo estaban totalmente sometidos a la voluntad del dirigente. Los hombres se encargaban de las reparaciones y el mantenimiento, las mujeres de las tareas domésticas y los adolescentes ayudaban en la casa o en la finca según su género. Todo el dinero ganado se entregaba a una caja común y cualquier vínculo con el exterior no era bien visto. Dentro del colectivo solo se fomentaban las relaciones entre miembros, y cualquier contacto con personas ajenas se consideraba peligroso.
En marzo de 2022, la policía llevó a cabo una operación a gran escala en la que liberó a doce personas de una masía, entre ellas varios niños. Dos menores quedaron posteriormente bajo la tutela de las autoridades. El arresto del líder y de sus allegados conmocionó a los habitantes de Vistabella y de los pueblos vecinos: nadie sospechaba que detrás de la aparente normalidad se ocultaba una realidad tan sombría.
Desenlace judicial
La muerte del «tío Toni» en una celda de la cárcel no detuvo la investigación. Ahora en el banquillo de los acusados están su esposa, su nuera, otras tres mujeres y un hombre. Se les imputa nueve episodios de violencia sexual, seis de ellos contra menores, así como la creación de una organización criminal. Además de penas de prisión, la fiscalía exige que se indemnice a las víctimas infantiles por el daño moral y psicológico.
Este proceso promete arrojar luz sobre los detalles de la vida en comunidades religiosas cerradas y recordar la importancia de la supervisión sobre estos grupos. Por delante quedan semanas de juicio que, quizá, aporten respuestas a cómo pudo ocurrir algo así en pleno corazón de la provincia de Castellón.












