
En el corazón de Cataluña, donde las carreteras enlazan pequeñas ciudades y pueblos, existe una línea de autobús que pocos conocen. Oficialmente figura en los horarios, pero verla en ruta es casi un milagro. Se trata del trayecto entre Artés y Vic que, pese a su importancia para la comarca, circula por las carreteras solo dos veces al año. Para la mayoría de los vecinos, este autobús no es más que un mito, y para quienes han logrado tomarlo alguna vez, es motivo de asombro y desconcierto.
El recorrido atraviesa varias localidades, conectando dos capitales catalanas separadas por apenas cuarenta kilómetros. Sin embargo, contra toda lógica, el autobús no opera a diario y solo aparece en fechas muy concretas: la víspera de Navidad y antes del Domingo de Ramos. El resto del año, los viajeros deben buscar alternativas, hacer varios transbordos y dedicar mucho más tiempo al trayecto.
La ruta fantasma
La línea 720, como se denomina oficialmente en los documentos de transporte, se ha convertido en una verdadera rareza dentro del sistema catalán. Oficialmente existe, pero en la práctica es casi invisible. La mayoría de las aplicaciones de rutas ni siquiera la muestran y en el sistema T-Mobilitat directamente no aparece. Para un pasajero ocasional, encontrarse con este autobús es tan improbable como ganar la lotería.
El trayecto de Artes a Vic dura casi dos horas, y el regreso puede prolongarse hasta tres. Fuera de estos dos días especiales al año, quienes desean viajar de una ciudad a otra deben recurrir a otros itinerarios, muchas veces con transbordo en Manresa. Esto convierte un viaje sencillo en una verdadera prueba de paciencia e ingenio.
La burocracia frente al sentido común
La razón de este insólito horario no está en las necesidades de los pasajeros, sino en los requisitos de los contratos de transporte. La empresa operadora debe realizar un mínimo de trayectos al año para mantener su licencia. Por eso, el autobús sólo circula dos veces, cumpliendo formalmente el contrato. El servicio real para los vecinos es mínimo, y la línea se ha convertido en símbolo de los absurdos burocráticos.
En los días en que el autobús finalmente aparece en la carretera, suele viajar vacío. Sólo algunos entusiastas o pasajeros casuales presencian este milagro del transporte. En las redes sociales, estos trayectos generan asombro e incluso ironía: si se pierde ese autobús, el siguiente pasará casi medio año después.
Un servicio olvidado
A pesar de que la línea 720 figura oficialmente en la lista de rutas activas, para la mayoría de los habitantes de la región sigue siendo invisible. No aparece ni en los horarios ni en los sistemas electrónicos de búsqueda de rutas. Solo las personas más curiosas o apasionadas por las rarezas del transporte saben de su existencia. El resto del año, la ruta parece esfumarse, dando paso a destinos más demandados.
Mientras miles de pasajeros enfrentan retrasos y molestias a diario en otras líneas, este autobús sigue registrado en el sistema sin aportar ningún beneficio real. Su existencia es un recordatorio de cómo, en ocasiones, la burocracia y los trámites pueden prevalecer sobre el sentido común y las verdaderas necesidades de la gente.
Un sistema estancado
Las autoridades catalanas llevan años prometiendo revisar el mapa de los servicios interurbanos. Sin embargo, rutas como la línea 720 siguen existiendo solo por cuestiones formales. Mientras los funcionarios debaten reformas, el autobús fantasma permanece en el papel y los vecinos se ven obligados a buscar alternativas.
La necesidad de rutas como esta sigue siendo un tema sin resolver. Por ahora, la línea 720 es un ejemplo de cómo el sistema de transporte puede funcionar no para la gente, sino solo para cumplir con los informes. Y quizá, precisamente historias como esta hacen reflexionar sobre la importancia de que los cambios no se queden solo en el papel, sino que lleguen también a las carreteras.











